Alvy Singer
Resulta curioso como han sido los diarios madrileños los que han hecho la defensa más discreta y eficaz de Ronaldinho: fingia su lesión y se ocultaba tras el escándalo mediático. Pues sí, esto podría tener más coherencia que dar credibilidad a la lesión y continuar con su reportaje acerca de los Vicios de la Estrella. Ante la polémica lo mejor para el equipo ha sido ocultar la incomodidad: le han dado al jugador, esperemos, un relax casi obligatorio y al equipo espíritu ganador. Esto no tiene nada que ver con el Messinho (concebido para el aplauso y el sí, sí de los detractores) ni nada por el estilo.
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Rijkaard eliminó las multas con su llegada como entrenador. Y el Barcelona, redacta en estos momentos su código disciplinario. A toda prisa, en Madrid, Pedja Mijatovic quiso anticiparse a cualquier otro escándalo con el oportunismo del listillo. Y el Barcelona carece de código y de multas. Para mí está claro el culpable. ¿ O es que el Funcionamiento del MilanLab se basa en el diálogo y la profesionalidad? Ah, ingenuidad.
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Otro crimen: el de la victoria del Real Madrid frente al Getafe. Atrincherados esos noventa-y-tantos minutos, de momento la prensa no dice nada de la Era Cappello. Es el name dropping prohibido. Tres ocasiones del Real Madrid y titulares entre sinceros y bíblicos: Victoria de Milagro, reza el Marca. Yo diría Victoria de Casillas.
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El último castigo: la derrota del Sevilla ante dos goles, golazos como dice el aficionado, de un Zaragoza mermado y buscando aliento tras la semana pasada. Una mala racha, dice Juande Ramos, ejerciendo siempre de conciliador. Tal vez la desgana de Alves o el pasotismo de Kanouté, evidencien a un equipo de buen juego pero dónde sólo salen como gladiadores Diego Capel o Jesús Navas.
Alvy Singer.
“La potencia intelectual de un hombre se mide por la capacidad de humor que es capaz de utilizar”
FRIEDRICH NIETZSCHE
Ronaldinho de Assis (1980) es un escritor, dramaturgo, poeta, ensayista y creador de eslogans microgestuales. Nació en Brasil y pronto se unió al movimiento de la Poesía JogoBonitista, junto a otros jóvenes como Adriano (que no fue famoso hasta su autobiografía trágica en dos partes: ”Beber no siempre es meter” y “Alchohol mi despedida eres tú, Gol”), tutelados por el célebre Ronaldo Lima (en su etapa poética antes de “Engordado, Lento y Ahumado: 9 sonetos sobre donuts”). Pronto adquirio su independencia yendo a vivir a París y fundando la corriente PostJogbonitista, que proponía una relectura escéptica y barthesiana a los movimientos de Ronaldo, ya inmerso en el revival del romanticismo tras su obra “El Mundial: Ocho paises en los que comer fenomenal”. Ronaldinho de Assis trasladó su movimiento PostJogobonitista pronto a Barcelona dónde tuvo una obra singular e incomprendida. Pronto encontró un discipulo como Kaká, mucho más conservador y cristiano, autor del libro de poesía “A dios rezando y a la portería chutando”, considerado por los críticos como de rima “relativamente fácil, pero de espiritu sólido” o el mucho peor Robinho, célebre por “Los Bicivoladores no siempre serán Vencedores”, comparada con autores del calibre de Jack Kerouac o William S. Burroughs.
Polémicas y divisiones.
Algunos rumores le ven fundando un nuevo movimiento y yéndose a vivir a Londres, pero lo cierto es que la obra de Ronaldinho en Barcelona está pasando por un momento de gran creatividad. El crítico y experto culinario Jorge Valdano ha dicho muchas veces que “Ronaldinho es en realidad un estudio sobre la semiótica, planteado como una forma de mímesis delibarada a la obra de Godard siempre en círculos concéntricos. En realidad no es que no haga nada, es que está llevando la nada a un terreno mayor que la nada, al de la Nadería Absoluta, lo que le acerca a los postulados más intensos de Heidegger”. Esta postura ha sido ampliamente rebatida por Johan Cruyff que ha asegurado que “En realidad Ronaldinho trata de parecerse a Truffaut de una forma literaria lo que es de una forma literal, y esto impide que su trabajo jogobonitista brille en su etapa postjogobonitista: lo que nos hace falta es una estructura seria tal y como las que usaba Virginia Woolf o Susan Sontag para darle un calibre moral a la intelectualidad latente en estre escritor”. El premio Nobel Holandés Cruyff siempre se ha visto rebatido por el bestseller italiano Fabio Capello que ha dicho que “no cabe duda que el PostJogobonitismo forma parte de una defensa clara y aguerrida del adn brasileño, lo que resulta una postura reaccionariamente romántica. Ronaldinho es el cronista de un corazón roto que todavía puede pegarse con un superglue llamado metafísica y autoconocimiento basado en métodos que mezclan la dialéctica y la epistemología de estar por casa, logrando resultados ampliamente sobrenaturales”.
Harold Bloom incluyó en su canon de Obras que no perderse, El gimnasio me da potasió de la que dijo que era: “una novela sincera y emocionante, con una línea de picaresca deudora de Mark Twain. Su protagonista debería llamarse Tom Sawyerinho”.
Bibliografia
Etapa JogoBonitista:
-Marcar y Driblar: Un ensayo sobre el infinitivo como una forma de amar (2002)
Etapa PostJogobonitista
-Movemos las dos manos y quizá parezca que surfeamos: Una autobiografia de sombras y ejes Dickensianos (2004)
-Sea usted bienpensante y use desodorante (2005)
-Mil y una maravillas, y desde hace poco comiendo natillas: Acerca de Danone y otros asuntos metafísicos (2005)
-Sin mis asistencias, ya verás que lo de Camerún no son penitencias: Una novela para Samuel Eto’o (2006)
-El gimnasio me da potasio (2007)
-Fingir lesiones es una forma de hacer millones (finales de 2007, editado por SPORT EDITORES)
-Sin Joao, tan bien no he chutao: Poesías completas (2007)

La foto seleccionada por Sport:
Ronaldinho mira en la playa, en un sentido Crusoeiano, un navió perdido que lleva “Estrellato” en su proa.
Alvy Singer.
Quienes me conocen saben que soy muy amante del humor, indomable y feroz, y de la crítica, siempre tan disidente y verdadera, siempre cargada de razón. Algún día, cuando me siento a leer un diario deportivo me pregunto en dónde estará el periodismo. Pero les habla de cualquier diario deportivo. Todos ellos cambian su grado de sofisticación: pero en general el panfletarismo es lo que domina en este mundo. Si uno quiere ver criticas al Madrid debe irse a El País. La prensa deportiva es prensa empresarial, propagandística, y no hay hecho más irrefutable que éste: lean cada día cualquiera de sus diarios.
El escándalo Ronaldinho. El tratamiento en prensa es vergonzoso. Más que nada por cuestiones éticas: el periodismo se basa en hechos, en información. Sport ofrece hoy varias perlas en este artículo y, be careful, no estoy rompiendo una lanza en favor de Ronaldinho. Pero sí, en favor del periodismo que es el que investiga la verdad. O eso me parece. Y los diarios deportivos siguen teniendo su sección de Opinión, distinguida.
“LA SITUACIÓN DE RONALDINHO SE HACE CADA MÁS INSOSTENIBLE
Crisis abierta”
Busquen la información. Hay una crisis, sí. Efectivamente está en marcha, está abierta. Y es insostenible. La tendencia a la poética de la ficción de carácter folletinesco es encomiable: el antetitular parece un recuadro propio de en “el episodio hoy presentamos a nuestro héroe en peligro”. Es la misma retórica popular. Ah, información, eso es para miserables y exigentes. Y abajo del titular, antes de entrar al artículo en sí pueden leer “El Camp Nou celebra sus 50 años”. Ya lo cantaba Lesley Gore: It’s my party and I cry if I want to.
El artículo sigue:
“El periódico ‘La Vanguardia’ destapó el viernes la caja de los truenos en un artículo en el que explicaba lo que era un secreto a voces”
Atención a ese La caja de los truenos: De la poética hemos pasado a la mitología. Destaparon la caja de los truenos, destaparon la verdad, un secreto a voces. El registro popular se ciñe estrictamente a un lenguaje propio de un poema eminentemente poppy. Podría ser una canción de los Planetas: Abrimos la caja de los truenos / era un secreto voces / nuestro Ronaldinho trabaja menos / al aficionado le salen heces. Las canciones pop llevan siempre una música atrás.
“[...]la mala vida que lleva Ronaldinho, muy alejada de lo que debería ser un profesional del fútbol. Las fiestas nocturnas han pasado de ser una válvula de escape tras la tensión de los partidos a convertirse en una norma casi diaria.”
Ah, la mala vida. It’s the night life. Del pop hemos pasado a la literatura postmoderna: las fiestas son para aliviar tensiones pero es una adicción, una norma. La prensa deportiva y la ficción, again: no están describiendo los actos de una persona (Ronaldinho incumple el código disciplinario saliendo: estos son los hechos) sino que están creando a un personaje, con su propia psicología además (completamente especulatoria: lo peligroso es que se trata de una persona de verdad, pero la columna, ah, convierte en síntesis lo que es una simple y vulgar tesis).
“Cuando al final de la pasada temporada Laporta acusaba a varios componentes de la plantilla de falta de actitud y compromiso se refería, precisamente, a actuaciones como las del brasileño.”
Ah, las referencias. Lo que dijo el presidente y a lo que se refería. Las lecturas ocultas. Volvemos a entrar en el interesante y apasionante mundo de la opinión. La information para los maricas, nenes.
“No ha escogido las mejores compañías y va camino de convertirse en carne de ‘salsa rosa’. Ni siquiera los consejos de su entorno más próximo, tanto familiar como del mismo club, han podido redimirle. Y ahora se encuentra en la encrucijada que antes anunciábamos: o da un giro radical a su comportamiento o acabará en la grada.”
Sí es que con el cinismo del escribiente lo admiten: carne de “salsa rosa”. Para qué hablar de los hechos, bastante claros en este caso. De hecho es la historia de una estrella caída: su família no le pudo redimir. Y Ronaldinho debe decidir. Es el argumento de Ray, con un toque de pecado bíblico adaptado al fútbol: No harás vida nocturna. Acabarás en la grande. Dios bendiga el imperativo.
“Todos sabían que se corría el peligro de que la situación de Ronaldinho derivara en una crisis pública como en la que ahora se encuentra, pero se apostó por seguir creyendo en su capacidad futbolística y en su propósito de enmienda. Pero todo ha sido en vano.
En estos momentos, el principal objetivo de la directiva sigue siendo recuperar al Ronaldinho futbolista, pero todos entienden que va a ser muy difícil cambiar la dinámica. El club se ha puesto en manos de Rijkaard para que gestione la crisis bajo sus parámetros deportivos, aunque se hará un seguimiento muy exhaustivo de los acontecimientos. En general, existe el convencimiento de que la situación del brasileño es irreversible, [....]“
De este párrafo final me fascina el uso de Todos sabían, tan numeroso, tumultoso y escandaloso, ese pareado maravilloso que nos da una sensación de conocimiento ausente. Pero todo ha sido en vano. Insisto: estamos en la poética de Raphael o de Nino Bravo. En general (otra vez el Todos) e irreversible. Lo irreversible es algo que no es en general, es exacto. La generalización no habla de términos exactos…
“ya está empezando a cuestionarse seriamente, tanto dentro como fuera del club.”
Dentro y fuera. Los de fuera leen. Los de dentro saben que también cuestionan. El problema del diario no es su denuncia, es lo tosco y opinativo de su texto, es el bello oxímoron de leer al lado opinión y arriba del artículo citado noticia. No sé cuando dispuso el diario de esta información pero no la hizo pública hace unas meses cuando entrevistó al jugador brasileño, en versión íntima y pleitesística. Se pide a los jugadores que sean consecuentes.: nosotros pedimos una prensa deportiva que lo sea también. Y aquí tenemos un caso de denuncia que puede parecer justa pero que dista de opinar, totalmente, para llevar a cabo su propósito: su propaganda negativa. Su opinión, en definitiva. El aficionado puede sentir cierto placer al verse satisfecho con su crítica: pero no es cierto, es la satisfacción del aficionado. Hablamos de satisfacciones. De mantener un target contento. De nuevo, la información, the facts, no tienen nada que ver en esto. Nunca lo tuvo.

Alvy Singer.
Jose Mourinho se fue del Chelsea y asi se acaba la época de glamour, de gloria, del club más bello y artificioso de la historia. Pronto caerán Lampard, Terry y al final Abravomich. O al menos eso parece: este entrenador supo entablar una relación de respeto-honor completamente jerarquizada y será díficil sustutuirle. Ah, olvidó a Sheva, imposición del presidente y se enfrentó a él por ello. Pudo más la Madre Rusia, que no el Dios del fútbol, si nos ponemos teóricos.
Hay algo especialmente incomprendido en Mou: que muchos aficionados atribuyan las razones de su éxito al presupuesto del Chelsea y que le culpen de no ganar la Champions. Es injusto: Mourinho creó un bloque a partir de grandes jugadores (y no es muy fácil), con un fútbol y un estilo muy definidios. Y la Champions ¡la ganó con el Oporto! Más mérito aún: Mourinho (y el subcomandamente Deco) supo ganar sin presupuestos que valgan.
Mourinho fue tan grande que el aficionado azulgrana, como cualquier otro aficionado, ni se enteró. Lógico: fue él quien les hizo gritar. El portugués era muy consciente de que las reglas del espectáculo en el siglo XXI se rigen por las reglas del marketing: con su célebre provocación de Barcelona y los teatros, estaba haciendo historia. Era el entrenador, símbolo de un equipo, que hacía que la rivalidad estallara al máximo y así el mejor espectáculo. El público gritó (y con razón) a la (simulada) prepotencia de Mou: “Vete al teatro”. En realidad el portugués sonreía: había creado aquella que quería y es uno de los partidos más espectaculares de la historia del fútbol reciente. La victoria, bajo códigos eminentemente baudrillardianos, volvía a tener un sentido. Toda la impostura de Mou no fue porqué creyera realmente que iban a ganar (lo dudo mucho: el entrenador tiene mucho respeto por los equipos grandes y quería una motivación máxima), sino para crear un aura irrepetible en el aire del Camp Nou. Y ocurrió.
Ya veremos por donde transita este entrenador perfecto: glamouroso, polémico y exageradamente estratega, capaz de lo mejor y de lo superior. Lo que está claro es que el Chelsea como equipo artificial se empieza a deshinchar lentamente sin una de sus piezas clave. O parafreseando al genio, sin sus huevos, la tortilla del Chelsea ya no tendrá tan buen sabor. Y la prensa ya le echa de menos: lógico, él le dio sense of wonder a un deporte como el fútbol, que en sus últimos tiempos parece ser un interludio de momentos de celebración en un lago de tiempos muertos.
Alvy Singer.
(EL AUTOR de este post, con sus gafas empañadas y su nocturnidad está frente a su ordenador escribiendo. De repente se le aparece EL CORO)
EL CORO: ¡Oh, joven Singer! ¡Le necesitamos!
EL AUTOR: Que se te aparezca un coro a las tres y media de la mañana puede significar muchas cosas. Y todas tienen que ver con politoxicomanía.
EL CORO: Se trata de Ronaldinho, joven.
EL AUTOR: Diantres, yo no soy abogado, sólo trato de escribir un post.
EL CORO: De eso se trata. Hemos venido desde El Olimpo para pedirle compromiso.
EL AUTOR: Yo solo estoy comprometido con mis ideales, en lo que creo…
EL CORO: ¿Y no cree usted en la existencia de algo maravilloso en los seres humanos?
EL AUTOR: Yo sólo creo en Jack Daniels.
EL CORO: ¡Queremos que se comprometa en el debate tan encendido acerca de Ronaldinho!
EL AUTOR: Esto es más deprimente que ver cómo Woody Allen filma películas sin chistes y a conciencia. ¿O es que no os parece más triste ver como un judío hace tragedias griegas?
EL CORO: No, necesitamos que se pronuncie.
EL AUTOR: ¿para qué?
EL CORO: No para demasiado, pero nos pagan horas extras por el compromiso.
EL AUTOR: Oh, bueno, pues ya me pronuncié sobre el joven en mi post, El niño del pelo raro.
EL CORO: ¡Miente!
EL AUTOR: Vale, sí, me referí a él en cuestiones estrictamente PoP. Pero ¿de eso va esto no? Popball… cultura popular….
EL CORO: Su conciencia es compromiso.
EL AUTOR: Si seguimos en esta línea trascendente voy a terminar leyendo las obras completas de Dostoievski. Vale, vale. Yo creo que pronto hablar de Ronaldinho se manifestará de una forma un tanto extraña…
EL CORO: ¡Especifique!
EL AUTOR: Sí. Es tanta la división que está suscitando que pronto llevaremos un pañuelo blanco y cada vez que digamos Ronaldinhos, reaccionaremos con temor, como si fuera el mismismo Voldemort….
EL CORO: O sea que Ronaldinho es El Mal…
EL AUTOR: Oiga, pues no lo sé. Pero si el Diablo es más simpático que un tipo de blanco (y me consta que tiene una vida sexual más activa) pues… entonces Ronaldinho es un Mal necesario ¿no creen? En fin… creo que están exagerando ¿Qué Dios no se ha tomado vacacioens?
EL CORO: ¡Kaká!
EL AUTOR: Hombre, pero es que Kaká no es Dios. Es un esclavo de Dios.
EL CORO: ¿Insinua que eso es malo?
EL AUTOR: Para los amantes del fútbol y de Kaká no, pero no querría estar yo en la piel de una joven apuesta que se acercara a Kaká y me mirara al cielo antes de cada polvo. No sé si me explico…
EL CORO: ¡Libertinaje! ¡No ama usted al fútbol!
EL AUTOR: Bueno, el libertinaje y el fútbol han dado grandes éxitos: fíjese en Ronaldo como.. eh, o Marado…., o Ver.ón.. bueh…… bueno… Creo que debo irme….
EL CORO: ¡Sea claro, por favor! ¿Cree que Ronaldinho volverá a ser el de antes?
EL AUTOR: Hay que aprender a vivir con el pasado. Afrontar el pasado. No podemos escapar de eso. Sólo hacerle frente y demás. Mierda, parezco un jodido libro de autoayuda, pero bueno, en el Ultimátum de Bourne pueden ustedes, señores del coro, encontrar este mensaje al lado de una persecución alucinante y hostias como panes. ¿Se dan cuenta del verdadero significado de la poesía?
EL CORO: ¡Vemos que es usted un caso imposible, como Ronaldinho!
EL AUTOR: Milán no tiene tanto glamour ¿saben? Puede que la Roma de los años sesenta, sí. Sobretodo si está Anita Ekberg. Aunque no estoy seguro de si querría que estuviese Marcello Mastroianni…. bueno eso no importa. Uno de mis autores favoritos dice que el tiempo es una velocidad personal. Quién sabe: tengo diecinueve años, pero dada la hora que es y los disparates que escribo sospecho que estoy a los ochenta. Ya sabe como van estas cosas.
EL CORO: ¡Informaremos a Zeus de su falta de compromiso!
EL AUTOR: No es que no me comprometa. Sólo soy una fiel oposición. Soy el dulce agnosticismo del compromiso. Y eso quieran o no tiene que ver con el tema, eh?
EL CORO: ¡Déjelo estar, ha perdido usted su oportunidad de redención!
(EL AUTOR SE RETIRA, el debate ha terminado)
Alvy Singer.
La película empieza así: entran en escena las superestrellas consagradas en aquella Champions que me apuesto a que generó el 50% de natalidad puritita de todita Cataluña en aquel lejano 2006. Entran en un bar de Londres y les dicen: no os arcerquéis al os Páramos. Deco, busca pelea. Mientras Xavi Hernández lo frena de pelearse, les dicen: Los Páramos, están llenos de galácticos y su mordedura os provocará grandes noches de luna llena y botella vacía. Y pasó, ocurrió sin más. No se pregunten como pero estos jugadores parecen disfrutar más bailando Blue Moon que en el Nuevo Campo en el que todo suena viejo y revisto.
Vale, de acuerdo, señores. Es la maldita tercera jornada. Pero la mejor plantilla no puede consentir la ascensión del imparable Sneijder, ya máximo goleador, con la pereza del principiante. Diantres, que hasta el Español ganó esta jornada ¿Dónde está el orgullo de estos gladiadores bañados en oro? En todo caso yo no opto por la pataleta, sino por el positivismo: esta es la crónica de una muerte anunciada, no un fracaso inesperado. Eso ya pasó, el aficionado se lo sabe de memoria y Joan Laporta, el hermano guay de Charlie Sheen en Wall Street (y ya es decir), se sabe todos los trucajes para mantener el tipo. Frank Rijkaard se asoma al desencanto con una tranquilidad que lo convierte del Holandés Errante (de victoria en Victoria) al Holandés Impasible (ante la derrota y el cambio paranormal).
Una de mis novelas favoritas es El misterio del cuarto amarillo: escrita por el experto en folletín Gaston Leroux presentaba la inteligencia como espectáculo. No obstante, lo maravilloso en aquella novela, astucias aparte, es que su héroe detective llamado Joseph Rouletabille era a la vez detective y asesino. No van a encontrar (salvo en un cuento anterior de Poe, si) piruetas similares en fútbol salvo en Can Barça: un equipo del Bien está siendo su propio y devorante Mal. Aquí no hay pasos para el lado oscuro de Anakin ni tan siquiera piruetas tan alucinantes como las que emplea Rouletabille (desde ya anuncio que yo de mayor quiero ser personaje de pulp fiction francesa): sino de una manera tan rutinaria y aburrida, que la languidez del resultado empaña la forma. La forma es esa que no tiene entrañas, que se conforma con el aburguesamiento. Recordad posmodernos luchadores, Roma cayó por menos. Y, en Barcelona, buena tala de páramos haría falta.
Alvy Singer.
Cuando leo que Joan Laporta le quita hierro al arbitraje del Real Madrid-Almería, lo que estoy leyendo, lo que estoy entiendo es que esto del arbitraje es un hoy por ti, mañana por mí. Laporta, ese presidente-yuppie que podría ser compañero de feina de Patrick Bateman, dice que los árbitros son humanos. Pero se equivoca.
Los arbitros son una de las cosas más inhumanas, uno de los trabajos más exactos y arriesgados, que existen, por eso yo tengo que en 1992, España empezó a invertir en cyborgs. Una unión secreta, secretísima, entre Japón y España hecha mediante expo’s y demás naderías permitió la creación de un cuerpo arbitral internacional. ¿Cómo sino explicar el gesto fruncido, de inequívoca indigestión y estreñimiento, de Medina Cantalejo? ¿Cómo? Los árbitros pueden con todo, empezando con el público hasta terminando en los periodistas deportivos. Leo que Jack Bauer fue árbitro de la Champions, y eso lo explica casi todo.
No quiero hacer exactamente un chiste. Sí y no. Me explico: los errores humanos no existen en el fútbol. Para nadie. Es un espectáculo de simulacro que ha ido creciendo con el tiempo .El público interpreta un error siempre como algo partidista, jamás puede tratarse de la humanidad y del defecto. Todo estaba planeado, siempre pasa lo mismo. Explicaba Umberto Eco en El péndulo de Foucault que las conspiraciones siempre son grandes desencantos. El espectacular y bien urdido complot es, en realidad, una forma emocionante de explicar nuestro hastío. Y es cierto: fíjense en el escándalo de Italia. No hay nada más cotidiano y rancio que esos sobornos. ¡Nada! Las multas, la pérdida de prestigio. No es cuestión de geografía: a pesar, de los pesares, en el misterio reside la emoción.
Es cierto que el fútbol es presa de ficciones interpretadas como realidades, pero seamos honestos: el árbitro va a ser siempre nuestro enemigo. Algo que nos distingue más allá del rival. El árbitro jamás es una figura amiga, porqué esta por encima de los dos equipos, o sea de nosotros, y eso es algo que ya refleja su vestimenta: ataviado de negro sepulcral, está más cerca de la muerte jugadora de ajedrez y aficionada a navegar con su barca que no de una figura amigable y humanista. Su destino es el de los gritos y los pitidos, y su purgatorio es esa hierba y esas líneas. No es país para árbitros.
Alvy Singer.
Roundo 1. Españoles….. el Rondo ha muerto. O lo que es lo mismo el programa que hizo llegar la cultura basura a todos los estamentos del fútbol ha sido sustituido por la nueva era de la censura, ese sucedáneo llamado El Club de Fútbol, que inaugura las limpias y buenrolleras sesiones de debate que inauguraron La Sexta y Cuatro. El otro día viendo al Loco Gatti exigiendo a Iniesta que se tiñese el pelo sentí pena: por el dinosaurio y sus peticiones y porqué realmente aquello era una broma fuera de contexto. Era más propio del Rondo…
Roundo 2. El Rondo no era un programa para seguir muy a menudo, por su condición de droga dura (en la línea de Salsa Rosa u Hormigas Blancas) pero en sus mejores momentos sabía decirnos lo mucho que tenemos de ineptos, especuladores y fantasioses hombres de bar cuando debatimos sobre fútbol. Dicho de otra forma: El Rondo era totalmente inconsciente de sus logros (Como casi toda la buena cultura basura) y su mayor logro es más bien su más célebre virtud: su condición antiperiodística. Supongo que yo soy un heterodoxo tocapelotas y ver los numeritos de Roberto Gómez (auténtico vidente traspasado a la iconografía futbolística) soltando disparates y presumiendo de cifras y fichajes que nunca llegarían le parecía que representaba al menos, un sentir nacional.
Roundo 3. Pese a que El Club de Fútbol tiene la citada estética Cuatro, no crean que Cuatro no trató de hacer su Rondo. Se llamó Maracaná y fue uno de los peores programas de la historia… ¡porqué trato de ser un Rondo tremendamente autoconsciente! Como si fuera posible aunar la evolución natural de Crónicas Marcianas con la cháchara de la basura que surge desde las misams entrañas. El fracaso fue lógico y lo que es peor, insoportablemente aburrido, vulgar y lleno de desinterés. El Rondo no tenía clase pero si casta, El Rondo era capaz de hacerte imaginar que casi todos los colaboradores y comentaristas (todos relativos al Madridismo en sus vertientes más perifeericas) salidos de la Casa Blanca no eran más que corruptos excesivos, madrileños adictos al Marbella LifeStyle y glamourosos de segunda: EL Rondo demostró que la leyenda del nuevo Real Madrid está fraguada y forjada por unos perdedores llenos de dinero, que son siempre los que manda aquí, en España.
Y despedida. Así pues, les mando un abrazo a todos los artíficies del Rondo que ahora, vaya a saber, dónde pululan. A ver si les dan un remake en Telemadrid quizá. En todo caso lo celebro: sólo ustedes supieron convertir la entrevista en griterío y el comentario futbolístico como un desprecio demagogo por lo sumamente absurdo (lo que en realidad no deja de ser una bella definición, como una linda cara bé del intelectualismo futbolístico pregonado por el maestro Vázquez-Montalbán), logros que se mejoraron con este año paupérrimo a nivel futbolístico en general, y que tocaron techo para su cancelación.
Alvy Singer.
Triste. César González Ruano, poeta y maldito en el buen sentido e incomprendido en todos los malos, dijo acerca del periodismo: Esta profesión lleva en el tuétano la maldición del olvido. Francisco Umbral ha muerto en la maldición del olvido: él era, por encima de otros alteres ego, una crónica y una memoir a la contraportada. Dice Raul Minchinela que en nuestro holocausto cultural todo se convierte en un personaje y se deja de lado la obra de uno de los grandes maestros del lenguaje que nos deja, atrás. No puedo estar más de acuerdo: descubrí a Umbral a los catorce, alucinado por su prosa y por su fina ironía. Luego le redescubrí tendencias políticas, pero eso, ya es otra historia. Umbral se ponía la camisa roja en 1995 para votar Izquierda Unida y lo decia tan campante, no deben ustedes caer en el error de entremezclar esos tres estratos del buen escritor (tardomoderno o no): personaje, persona y obra.
Solitario. Así empezaba Osvaldo Soriano su obra maestra: Amanece con un cielo muy rojo, como de fuego, aunque el viento sea fresco y húmedo y el horizonte una bruma gris. Y así, un día extraño, un día inesperado, un día súbito reaperece la muerte. Y así nosotros convertimos a Antonio Puerta en el santo mártir: se crea un personaje tras la muerte. El que debe perdurar es el que en noctámbulas conversaciones iba a liderar una Seleçao ilusionante. Y Puerta, a diferencia de los interferentes Kurt Cobain o el mejor Elliott Smith, no consagró a la muerte el último paso de su obra. Y Puerta no debe convertirse en personaje porqué fue una admirable persona y debe quedar su obra, en este caso su fútbol. David Foster Wallace lo explica mejor que yo: “convertir a alguien en icono es convertirlo en una abstracción, y las abstracciones son incapaces de tener comunicación vital con la gente viva”.
Final. Y para decirle al sevillano Puerta, lo mismo que deseó Fresán a Pantoja, que si en el cielo no hay porterías, si habrá muchos tablaos. Y para terminar, vuelvo a González Ruano: La muerte puede consistir en ir perdiendo la costumbre de vivir.
Alvy Singer.
Pocos personajes son capaces de emular a mis personajes favoritos de toda saga/libro/serie/película/ente ficticio o documental como Roman Abravomich. Amigote de nuestro nuevo supervillano favorito, Vladimir Vladimirovich Putin, Roman se ha ganado siempre esa reputación de homólogo de Putin pero en el fútbol: un ruso de la vieja escuela (de la cultura pop, digo), amigote de Shevchenko (¿los imaginan en un jacuzzi junto a dos damas, rubias y morenas, educadas en el Moscow Playboy College, charlando de los viejos tiempso, brindando por los lejanos 80) y superpoderoso magnate del gas en general, multimillonario en particular.
El caso Chelsea
Por lo que amo a Roman es por su afán ruso capaz de equipararle a otros genios de su categoría: William Randolph Hearst y …, claro, Orson Welles. Y el Michael Jackson desatado de los 80-inicios de los 90. Su construcción de un gran artificio como forma de sueño resulta del todo maravillosa: convierte el Chelsea en el manierismo más representativo del siglo XXI. A modo de chef esquizofrénico contrato al MEJOR entrenador (José Mourinho, un George Clooney icónico reconvertido en supervillano bocazas, creo que el mejor creador de oneliners y polémicas desatadas de la historia: les guste o no un emblema de lo COOL que en el fútbol siempre causa extrañezas) y a los más aguerridos héroes (Joe Cole y mi favorito: Frank Lampard, un tipo de rostro de perdedor con principios, unidos al emblemático defensa de-toda-la-vida John Terry) y a los más incansables negroides (Essien y Drogba los más poderosos y rentables). Pero las cosas van mal para estos colectores de Premieres que siguen retando a la Champions como éxito: sus fracasos de lujo siempre tuvieron acento centroeuropeo (Ballack o el compañerrro Sheva) y este verano se han deshecho de Bouhlarouz y Robben para adquirir a Malouda y Tévez como principales.
El Ultimatúm a Mou.
El fracaso de los Mourinho’s Eleven en la Premiere y la Champions, la lesión del invencible Petr Cech (a modo de castigo divino) no hacen más que elevar mi simpatía hacia el Chelsea: un parque de atracciones, construido como el Jurassic Park, que se desmorona como las extravagancias, como si sus estrellas fueran de la noche a la mañána (no hay estrellas en el fútbol: hay kamikazes a largo o a corto plazo) clientes de Broadway Danny Rose. Este ultimátum, se ve, se palpita: este año no puede haber más fracaso y no por la afición sino por conseguir ese trofeo simbólico, ser el dueño de los sueños de la Vieja Europa: la Champions League. La lucha por el poder preclara y total de Afganistán, de la Guerra Fría, del armamento nuclear se ha tornado en simbólica: ahora son estos nuevos mercenarios quienes lucharan por tener el poder mediático de nuestros subconscientes. Pensar en Abravomich como el más hábil de los supermalos del Mensajero del Miedo original (pues en su remake la cosa se decantaba hacia una ultrasiniestra y deliciosamente incomprendida trama post11S de auténtico TERROR) queriendo tener su victoria, imaginarle asqueado en la caída del Muro de Berlín y tramando maldades fichajes en un barco, puro en mano junto a Pete(r Kenyon, el director deportivo con más madera de esbirro que han visto mis ojos) y Mourinho, claro. Todos planeando su nuevo golpe.
El mito de Roman.
Ni siquiera el encanto de ese lord mafioso que es Berlusconi asusta tanto como Roman, planeando el fichaje de Alves ayer o el de Ronaldinho mañana. No importa, da igual: este temible barón del Mal (o Genio Autónomo, como lo queiran llamar) ha decidido convertir su sueño e incrustarlo en medio de ese terreno mítico, intocable, lleno de memorias, recuerdos y cosas imborrables que es el fútbol para trastocar su cíclica ida y venida de mitos. Y muchos vinieron después: el citado Silvio Berlusconi ofreciendo los célebres 100 millones, el esperpéntico y tirste Ramon Calderon apuntandose al carro con los también famosetes 90, los mucho más a la altura dueños del Manchester United con sus espaldas cubiertas de petróleo tejano y un sombrero a la escucha de Hank Williams y Randy Newman, murmurando soccer is a good business. De momento se mantiene infranqueable y sigue luchando con su peculiar sueño, a la altura de los más locos años 60 que tiene Sebastian “Darjeeling” Compton-Lowe en Jardines de Kensington. Porqué Abravomich sabe que esta es su gran obra: un equipo hecho a cachos dorados, un Frankeinstein de los billetes. Y si la fórmula resulta, estaremos ante el mayor mago: el que enseñándonos su chistera (la de su cuenta corriente) fue capaz de hacer magia de algo que creiamos imposible. Entretanto que sigan los mitos, los rumores, las historias: mantienen vivo un fútbol lánguido y dormido a ratos , un placer estratega a otros, los mejores ratos. Y si se lleva a Ronaldinho será otro triunfo singular: El del fracaso probable de la estrella conocida como el mejor jugador del mundo en un entorno de guerra como son las islas y es que en la Premiere no hay sitio para brasileños. Pero si ello significa tener a Alves comandando un nuevo y rejuvenecido Barça, genial, todos a OK Corral porque el duelo ha empezado.






