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Por Alejandro Cubero
El impacto mediático que ha causado el cese/renúncia de Mourinho del banquillo del Chelsea ha provocado división de opiniones. Han brotado los análisis sobre su trayectoria en el mando del conjunto londinense y las posibles razones de su trágico (pero bien compensado) final.
El mayor rompecabezas de Mou es que él siempre quiso algo que no pudo conseguir. La Champions ganada con el Porto se debió al tándem formado entre la habilidad estratégica de Mourinho y la mentalidad ganadora de Deco, que contagió al resto de sus compañeros. Él era el gran capitán, la espada de Mou, brazo ejecutor de su mentalidad tácticamente perfecta, lugarteniente de un equipo que con pocos recursos llegó a lo más alto. El jugador brasileño nacionalizado portugués no pudo hacer más para ganar el Balón de Oro, pero las altas esferas del fútbol mundial prefieren la estética al trabajo y sacrificio. Y Deco, entonces ya jugador del Barcelona, pasó de ser la referencia a uno más en un conjunto plagado de grandes jugadores. Pero no para Mou.
Él soñaba con su gran capitán, pero en lugar de eso tuvo que conformarse con Ballack o Shevchenko. Grandes jugadores, pero sin la mentalidad del portugués. Y ese creo que ha sido su estigma. Ha conseguido hacer del Chelsea uno de los mejores equipos del mundo, sino el más temido. Ha logrado hacer converger la práctica de un fútbol ofensivo y la rocosidad defensiva en todas sus líneas. Ha instaurado en el Chelsea, un club segundón en la Premier, una mentalidad ganadora y campeona. Y sus duelos contra el Barcelona han renovado la necesidad de todo equipo de tener un enemigo histórico, de forjar leyendas de tambores de guerra. De él dicen que no ha sabido aprovechar todo el potencial del presupuesto ilimitado de ese Piterman refinado que posee el Chelsea. Yo creo que al contrario. Lo fácil hubiera sido fichar grandes nombres, pero él ha ido más allá, con jugadores que él ha hecho grandes. Mikel, Essien, Joe Cole, Terry, Cech, Drogba y Gudjohnsen, entre otros, siempre deberán agradecer la oportunidad que les dieron de pasar a la historia. Buenos jugadores que encontraron la oportunidad de hacerse grandes.
Pero faltó la brújula. El barco tenía todo para ser invencible, pero sin Norte se siente desorientado, frágil, perdido. Es muy fácil arrollar en las costas inglesas de la Premier, pero una vez te acercas a las aguas continentales, las caravelas españolas, los buques italianos y el resto de la pesada flota europea pueden hundirte de un cañonazo (llámese Ronaldinho). Y para su pesar, Deco dirigía otro timón. Mourinho siempre soñó con Deco para su Chelsea multiétnico y poco inglés. Pero el problema es que el sueño del propietario/caudillo ruso se llamaba Andrei, y éste nunca se adaptó (ni creo que lo haga) al equipo inglés y a su fútbol en general.
“The Special”, como es conocido Mourinho en Stamford Bridge, siempre será recordado por devolver, o mejor dicho, colocar, al Chelsea entre los grandes. Por un momento sintieron la eufórica ommipotencia de la victoria, pero siempre le faltó algo. Y no es la Liga de Campeones, sino la llave para conseguirla. La brújula. Sólo le faltó Deco.
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Por Sergi Falcó
*Si el vídeo no se les ve, visiten esta URL, que tan amablemente nos cede airfutbol. Nuri Sahin, el futuro crack turco: http://www.youtube.com/watch?v=m9D_CbnRLzI
A estas alturas de la temporada, muchos apostaríamos decididamente por el Bayern de Munich como campeón de la Bundesliga. No es para menos. Tras unas jornadas, el gigante que preside el gran Beckenbauer arrasa con todo a su paso por las canchas teutonas. Como si la fiebre inglesa del fútbol de los nombres le hubiera afectado también a ellos, los de Baviera se han reforzado, a base de talonario, como pocos. Toni, Ribery y Klose son los nuevos buques insignia de un conjunto, este año sí, realmente fuerte.
A recuperar el crédito perdido
Rummenigge y Beckenbauer, dos históricos del fútbol alemán, se dieron cuenta que ya no se podía seguir con los experimentos al final de la anterior temporada, donde el Bayern hizo un ridículo no tan espantoso por la posición que ocupó (4ª), sino por el juego desplegado, que fue algo más que pobre. Jugadorazos de la casa como Lahm, Swenchsteiger, Podoslki –que decepcionó muchísimo- o Lell no podían asumir, por su juventud, las riendas de un equipo que, por otra parte, parecía más un cementerio de elefantes que una escuadra campeona. Kahn, Makaay, Santa Cruz o Scholl ya no estaban al mismo ritmo que el resto de jugadores, y ofensivamente sólo se salvavan Pizarro y…¡Lúcio! Con un central como segundo hombre más peligroso de un equipo no se podía optar a nada.
Con esa situación, el cuerpo directivo no dudó en barrer a fondo la casa. Scholl, el más señor de todos, decidió retirarse; Salihamidzic ya lo tenía todo hecho con la Juve desde Navidad; Makaay había expresado su deseó de marcharse, y Santa Cruz tres cuartos de lo mismo. Así las cosas, sólo queda un carcamal en el equipo: el otrora campeonísmo Oliver Kahn, que hoy sobraría de no ser porque sus suplentes parecen no saber lo que es atajar un balón. Además, Pizarro, una de las referencias del equipo, decidió aprovechar el tren de su vida. El todopoderoso Chelsea de Mourinho le esperaba para hacerle la competencia a Shevchenko o Drogba. Podía aceptar seguir siendo el crack de un equipo perdedor –y seguir siendo humillado e increpado por los aficionados, que lo culpaban injustamente de la falta de gol de su equipo- o irse a competir de verdad a un gigante de la magnífica Premier League. Tomó una sabia decisión, y dejó al Bayern en la estacada.
Y bendito dinero, que permitió la metamorfosis del Munich. Con gran rapidez, Ribery y Luca Toni fueron contratados. Sin Pizarro ni Makaay, Toni será el rematador; Ribery, la mayor apuesta por el cambio de estilo. Se buscaba a un nuevo Ballack, a un castillo hecho hombre, pero trajeron al malabarista francés. Eso sí, garra no le falta. El equipo bávaro había bombardeado el mercado antes que nadie, y media Europa no tuvo más remedio que aplaudir esta vez la estrategia de Beckenbauer. El espectáculo estará servido, también en la UEFA.
Devorando Alemania, como siempre
Pero el afán por reforzar el equipo no quedó ahí. Como cada verano, el Bayern buscó en lo mejorcito de su país, y prácticamente se llevó todo lo que necesitaba. El primer gran objetivo: Miroslav Klose. Tras un par de reuniones secretas y la pataleta de Perder Bremen, el gigante alemán se llevó al estandarte verdiblanco. La tripleta atacante, con Klose, Toni y Podolski, ya estaba definida. Éste último, tan letal con la zurda como torpe con la diestra, apunta a la suplencia. Por detrás, ‘Scarface’ Ribery. Se reforzó la defensa con Marcell Jansen, un espectacular lateral izquierdo de 1,90, que ha hecho ponerse las pilas al genial Phillip Lahm. Pero aún faltaba algo en el once teutón: seguían teniendo ‘mono’ de Ballack.
Ante la posibilidad de hacer un cambio de tendencia total y añadir a otro ‘jugón’ en la media punta, Beckenbauer no estuvo tan valiente. Así, el club no lanzó sus redes sobre estrellas como Diego, Van der Vaart o el punta Mario Gómez, sino que prefirió un hombre fuerte, un 4X4. Tenían a Van Bommel, que siempre cumple –como hizo en el PSV y, a pesar de las críticas, en el F.C.Barcelona-, se habían agenciado a Sosa, una joven promesa con juego de fantasía, pero querían algo más, con ambición.
El nuevo Ballack
Miraron a un equipo que siempre ha formado a grandes jugadores. El Schalke 04 disponía de potentes futbolistas, entre los que destacaban dos: Lincoln y Hamit Altintop. El primero, brasileño nacionalizado alemán, más de la escuela de Andreas Möller, prefirió marcharse a otro país, mientras al germano-turco se le abrieron las puertas del cielo.
Hamit Altintop, fortísimo jugador de 25 años nacido en Alemania pero de padres turcos, solventó rápidamente su pase para formar parte del ilusionante proyecto del Bayern. Para mí, él es el Ballack de este equipo, aunque nunca se le reconocerá ese mérito. Primero, porque lo es a pequeña escala -no es tan decisivo como él-; y segundo, porque no tiene ese gancho mediático –es turco, cosa que a la prensa alemana parece no gustarle a la hora de valorar el fútbol de sus compatriotas-. Ambidiestro, empezó su carrera jugando de libre, y cuando un ojeador del Schalke lo vio, llamó al entrenador del club: “Decidle a Olaf Thon que ya se puede retirar tranquilo, tenemos a su sucesor”.
En Alemania, los mejores jugadores han ido saliendo a imagen y semejanza del gran ‘Kaiser’, y los Brehme, Thon, Matthaus, Sammer, Effenberg –éste de muy pequeño- o Ballack empezaron su carrera en la posición de líbero. Por exigencias del a veces mal llamado ‘fútbol espectáculo’, casi todos estos jugadores acabaron avanzando su lugar en el terreno de juego a la medular, convirtiéndose la mayoría en pivotes defensivos u organizadores. En los últimos casos, los de Effenberg y Ballack, las dos últimas grandes estrellas del fútbol alemán, acabaron en la media punta y se les exigía creación y pase, pero sobre todo pegada y gol.
Hamit Altintop no ha sido una excepción. Al ver el cañón de su pierna derecha y su buena visión de juego, sus técnicos decidieron irlo adelantando. De líbero a pivote defensivo, de defensivo a volante, de volante a mediapunta. Ahí suele quedar la cosa en estos casos. Pero Hamit, en una temporada atípica para él, demostró que está hecho de otra pasta. En su primer año en Schalke, a alguien se le ocurrió que probara como segundo punta, y tras seis jornadas en esa posición había conseguido cinco goles. Tras unos partidos, el lateral derecho se lesionó, y Altintop tuvo que llegar a actuar en esa posición en algún que otro partido.
Calidad turca
En Alemania siempre han gozado de la mejor calidad de la Europa del Este, Nigeria y Turquía. Desde Okocha, pasando por Balakov y llegando a Yldiray Bastürk, todos dejaron su sello de calidad en equipos alemanes. Hoy, Altintop, con el 8 a la espalda, es uno de los ídolos de la afición bávara, por encima de Kahn o Toni. Pero fíjense, para mí, no es el mejor turco de la actualidad.
El mejor se ha marchado recientemente de Alemania a Holanda. Se llama Nuri Sahin y dejó durante tres años en Dortmund como un segundón a Sebastian Kehl, otro de los candidatos a suceder a Ballack en la selección. Como Altintop, es ambidiestro, pero maneja mejor la zurda. Como Altintop, nació ya en Alemania y juega con Turquía -Emre Belozoglu ya se puede ir retirando de la selección-. Como él, es fuerte, pero éste es bajito. La diferencia es que el próximo día 5 de septiembre cumplirá 19 años y que debutó en el Borrussia –de líbero y de la mano de Mathias Sammer- con sólo 16, todo un récord en la Bundesliga.
Se acaba de ir al Feyenoord holandés –que se ha montado un magnífico equipo para asaltar el trono del PSV en le Eredivise- tras heredar la manija del centro del campo alemán hace un año, tras la marcha de Rosicky. También ha adelantado su posición y hoy juega como los Xavi, Pirlo, o a veces más adelantado, como Cesc. Para acabar, sólo un dato: Arsène Wegner, el artesano de Londres, dijo hace un par de años en una entrevista que le parecía el mejor jugador Sub-20 del Europa. Recordemos que por aquel entonces Cesc ya era el niño de sus ojos y tenía 17 años. Ahí lo dejamos, vean el vídeo.
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Por Sergi Falcó

“Al fútbol, a sufrir, que así se olvidan de comer”
Un buen día, desde los despachos del Manzanares, alguien decide cambiar el himno de ‘su’ Atleti. Por hacerlo más acorde a sus “características de club”, dice, encarga a don Joaquín Sabina que componga una cancioncilla. Los ancianos la cantan a la vez que sufren con El Niño y sus compañeros. El Atlético es el ‘equipo del pueblo’ en España. Incluso se dice que el rey es del Atlético de Madrid.
Sin excepción, todo país tiene un equipo que se identifica más con las clases sufridoras. Bueno, con una excepción: Italia. Allí, hasta el todopoderoso AC Milan se convierte en el equipo familiar, patriótico y, por ello, modélico. Desde mediados de los ochenta, con el surgimiento del mejor Nápoles de la historia –el de Maradona-, el mágico ‘Toro’ de Lentini o la no menos vistosa Sampdoria –la de Gullit-, los “outsiders a la italiana” están de moda.
Italia: Samp, Nápoles, Torino…
Ahora bien, como decíamos, la Sampdoria tenía a Gullit; el Nápoles, a Maradona. Me refiero a la falsedad que supone el hecho de cualificarlos como los equipos guerreros, aguerrido, etc. No eran los héroes que se quieren hacer recordar; eran equipazos reforzados a base de talonario. Como todos. Es cierto que siempre había un Vierchwood, un Lombardo, un Vialli o un Francini que ponían en pie el estadio al recuperar tres balones seguidos o perseguir a un rival por toda la banda, pero ahí estaba la clase del holandés y el talento de la zurda de oro.
Hoy en día, ambas escuadras disponen de algún luchador candidato a ser el Gattuso del futuro pero, visto lo visto, no muchos serán los éxitos que estos jugadores les garanticen. Una ‘Samp’ semirrecuperada lucha, -sin ’Mr.Dreamgoal’ Quagliarella pero con “Il Tallentino” Cassano, ídolo del viejo Bari- por volver a estar entre los 6 grandes en Italia mientras los napolitanos, siempre rodeados de una aura divina que perdura desde tiempos del Pelusa, siguen venerando a los hermanos Cannavaro –y perdiendo en la Serie A- en vez de buscar a su nuevo Zola. El siempre carismático Torino parece tener un único objetivo desde hace años: jugar un derbi contra la Juve –y ganarlo, claro-. Por fin, la cita está asegurada esta temporada. Otra cosa es la victoria. Para conseguirla, se disputa con el Nápoles –qué casualidad- a Recoba, un artista charrúa de carácter difícil en declive, de rendimiento irregular pero de genial conexión con las masas. Como Cassano.
La clave es esa, que las masas se identifiquen. El Inter se construye alrededor del pretoriano Materazzi; el alma del Milan es Gattuso, el ‘fascio’ Lazio quiere resurgir con Rocchi –su nuevo Di Canio-; una Fiorentina podrida acoge al abuelo Vieri. Sin embargo, siempre hay excepciones: Roma y Juventus, con más clase desde Platini y Giannini, se resisten a perder sus estandartes, que son italianos, sí, pero ante todo un par de genios: Totti y Del Piero.
Del orgullo al catenaccio
Por lo demás, el fenómeno del equipo proletario ha derivado allí en algo mucho peor: el capellismo –en los banquillos- y el materazzismo –en la cancha-. Lo que mola ahora en Italia es robar balones y chillar, dar entradas por detrás y mirar con chulería al rival o a las gradas. El genial sistema del líbero, que tanto dio al fútbol con Scirea, Baresi, Blanc o Krol –este último con el Nápoles hace ya mucho tiempo-, se ha transformado en líneas de cuatro o cinco con un par de pivotes defensivos. Los centrales, nunca a más de quince metros del portero –el único libre del Calcio al que no suspendería en los últimos años es Couto. Imagínense como esta la cosa.
Recoba, Cassano, Gattuso, Materazzi, Rocchi, Di Canio e incluso Maradona; todos son futbolistas que, de un modo u otro, enganchan a la afición. Unos, por su mal genio; otros, por su excentricidad; otros, por su garra. Los hay más y menos vistosos, mejores y peores, pero el club siempre los acaba utilizando como elemento mediático. Y eso es lo que destroza el fútbol. ¿Saben quién es el Alonso, Nadal o Gasol de turno en la publicidad italiana? Gennaro ‘Rhino’ Gattuso. Se sorprenderían con la relación que guardan las técnicas publicitarias y toda la parafernalia del espectáculo con lo que al final se ve en el campo. En Italia han escogido ese camino.
¿Qué está pasando?
Pero bueno, la cosa les va bien. El fútbol italiano sigue convulso por escándalos de corrupción y amaño, las mafias se sientan en los palcos y ‘sacchiales’ se lamentan de la fuga de talentos –ojo con Giussepe Rossi y Rolando Bianchi-, pero…¿Quién ganó el pasado Mundial? Ellos, y eso no se lo quita nadie.
Lo grave es que están tan orgullosos como los miembros de la odisea griega en la Eurocopa o el antibrasil de la última Copa América. O Liverpool y Milan, flamantes finalistas de la última edición de la Champions. Ay, amigos, al final habrá que aprender de Dunga y de Capello, o buscar el espíritu de Juanito. O admitir que Raúl ha resucitado. Rudeza, rudeza, futbolistas trabajadores, que llevan a la victoria. Y todos tan contentos.
Del dinero de Cerezo y del Rey
Olvidémonos del peor catenaccio y volvamos, para finalizar, al fútbol de la ‘prole’, con una película que se montó un buen amigo colchonero. Era algo así como… que va el rey y dice “Sofi, Sofi, prepara los bocatas de chistorra que hoy vamos a ver a mi Atleti al Calderón. Si es que respiro fútbol, mujer, me siento uno más… ¡Hoy Remontamos a los alemanes y nos colamos en la final de la UEFA!” No sé de qué se ríen, igual hasta es verdad. Y a golpe de talonario –también con Riquelme y Motta, según me hacen saber-.
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-Francia- Ligue1
Este fin de semana en Francia ha estado marcado por la final de la Copa de la Liga disputada el sábado. Contra todo pronóstico, un Lyon poco inspirado cayó por la mínima ante un rocoso Girondins. El gol de la victoria para los de Burdeos lo marcó Henrique tras un fallo garrafal del portero del Olympique, Vencoutre, en un corner, ya en tiempo de descuento. La jornada de Liga ha sacado al PSG del último puesto, con una victoria en casa del Lens, segundo clasificado a dieciséis puntos del Lyon.

El líder, aún así, tiene un partido menos y podría ver aumentada su ventaja en tres puntos de ganar el partido que tiene aplazado. Atención al tercer y al cuarto clasificado, Sochaux y Toulouse, ambos con 46 puntos y un juego que no tiene nada que envidiar a muchos equipos de Champions. El Marsella de Nasri y Ribery, con una derrota en casa del Lorient por 2-1, se aleja de los puestos europeos.