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Un recorrido por la Champions
Septiembre 18, 2007, 3:14 pm
Archivado en: Barça, Champions, La verdad está ahí fuera, Ligas Internacionales, Opinión

Por Sergi Falcó

 

Hoy el balón rodará, por fin, observado por la orejona. ¡Y bien que rodará! Un Madrid en racha se enfrenta a un Bremen tocado, siempre duro pero por el que hoy no apostaría. Si aprecian la táctica y el juego desde banquillos, tampoco se pierdan el Porto – Liverpool, con el maestro Benítez impartiendo clases de cómo dosificarse en Europa, en frente de los portugueses, que tienen el oficio y la tradición de un Milan pero el lastre de jugar habitualmente con Os Beleneses y demás equipos de quinta fila. Lo mismo le ocurrirá al Benfica de Camacho. El murciano no llega al nivel estratégico de Benítez, pero es especialista en darle aire fresco al juego de sus equipos. Además, los pocos pilares que le quedan al Benfica dentro del campo pueden mezclar los conocimientos de Camacho con los de anteriores místers del más alto nivel: Koeman, ‘Trap’, etc. El Milan, por su parte, es envidiable. Todos saben a lo que juegan, son pacientes, expertos y tienen esa ’self-confidence’, esa autoestima que les hace capaces de ganar hasta al Sevilla.

Súper Sevilla contra ‘Cesc Pistols’

 Para mí, el Sevilla es el equipo que, en los últimos meses, mejor ha jugado en todo el continente. Pese a ser doble campeón de UEFA, aún es un aspirante a todo, en Liga y Champions, y eso juega en su favor. Quiero decir que ningún grande, por prestigio, se le cerrará atrás, y en Liga nadie le tiene el miedo que se le tiene al Barça. Pero no hay que quitarle mérito al trabajo de los andaluces. Hoy dice el mejor lateral derecho de la actualidad, Daniel Alves, que no hay muchos partidos de mejor ver que el que les enfrentará a los Gunners. Le doy toda la razón: da lo mismo Keita que Poulsen, Drago que Fazio, Maresca que Renato o Duda que Capel -qué pedazo de crack va a ser éste con un poco de suerte-; y hasta Kanouté parece más desequilibrante que el mismísimo Henry.

El Arsenal es mi debilidad. Cómo me alegro de que sean líderes de la espectacular Premier -prometo un post que trate íntegramente el fútbol inglés-, por encima del férreo Chelsea, del poderoso Manchester o del calculador Liverpool. Además, los antiguos pesos pesados del equipo lo fueron abandonando, bien por interés personal, bien por decepción con la ‘ambición de Wenger’. “Chúpate esa, Freddie”, debe estar pensando el artesano frencés -Ljungberg acusó al entrenador que lo vio crecer como futbolista de no ser un ganador-. Y es que, si el Sevilla se lo debe todo a Monchi y a Caparrós -con el permiso de Juande Ramos, que ha sabido continuar la faena-, el Arsenal ha visto su mejor fútbol con Arsène Wenger: el ocaso de Wright, la madurez de Bergkamp, la explosión de Anelka y las carreras de los tres fantásticos -Pirès, Vieira y Henry- cobraron un sentido gracias al trabajo de este entrenador. El papel que les otorgó en el equipo y la confianza que les dio han hecho de los Gunners la mejor escuela de fútbol de primer nivel.

Pero hoy ya nadie creía en ellos, hasta equipos inferiores como Tottenham o West Ham les acusaban de haber bajado un peldaño su calidad, de haber perdido la grandeza por tanta crianza de jóvenes perlas. Pues de nuevo, se han tenido que callar, sobretodo gracias a un jugador: Cesc Fábregas. Qué bueno es. Buenísimo, y me parece una injusticia que ningún niño español pueda ver sus partidos cada semana y decir: éste es mi ídolo. En la Premier, Cesc lleva tres años rindiendo a un nivel altísimo, y en el pasado campeonato fue escogido -junto a Arteta, otro olvidado de Aragonés y del aficionado español- como uno de los cinco mejores jugadores del campeonato local. Este curso viene siendo algo así como el Sneijder de la Premier: es medio pero cada semana mete goles y le da la victoria a su equipo. Pero Cesc es mejor que Sneijder -excepto a balón parado-. Cuando juega con su equipo, Cesc es -me atrevo a decirlo- el mejor centrocampista del mundo a día de hoy. Con la selección es otra cosa…en fin, ese equipo no se merece que hablen de él.

 Cesc Pistols, como lo conocen ya en Londres, tiene, además, una buena y joven compañía. Robin Van Persie -RVP o como dice Montes, Mr.Persianas- es un pedazo de artista, uno de esos rebeldes del fútbol que suele captar Wenger, su nuevo, joven e inexperto -pero más incisivo- Bergkamp. Kanu también tiene heredero, el trabajador Emmanuel Adebayor; y con Pires, más de lo mismo. Rosicky es ahora el que da los pases y el que pone la elegancia. Ljungberg quizás se ha ido porque el bieloruso Hleb corría más que él y daba más miedo al rival. En defensa, Adams, Campbell y compañía dejaron el listón bien alto, pero Sagna, Senderos, Touré, Eboué o Gallas dan mucha seguridad. Por lo demás, nadie defiende tan bien como Vieira en la medular, nadie define como Ian Wright ni nadie domina el juego como ‘Titi’ Henry; pero Cesc tiene el dorsal y los galones del primero, el carácter ganador del segundo y ya hasta celebra los goles como el actual crack azulgrana. Sin duda, mañana nos espera un partidazo en Londres.

Y Barça – Lyon, qué espectáculo

Al Barça le esperan dos partidazos esta semana. Es decir, en siete días podemos estar igual que hoy -con críticas por todas partes pero algo de esperanza-, hundidos o bien por las nubes. El primero es el debut en la máxima competición europea ante el gran campeón francés, el Olympique de Lyon. Analizaré primero a los franceses, que de los azulgranas hay tanto que hablar que me perdería. El Lyon volverá a ganar la liga, digo yo. Sí, sí, aunque empezara mal, ya está muy arriba y no tardará en irse de sus perseguidores en la Ligue 1.

 Año tras año, el Lyon pierde efectivos, pero nunca ve mermado su juego. Edmílson, Essien, Diarra, Carew, Malouda y Abidal han llegado a ser piezas clave y ya no están, pero el equipo se recupera. El inicio de este curso dio el primer susto al Olympique, que veía como su banda izquierda se había debilitado enormemente -Grosso no es ni será una décima parte de lo que Abidal ha llegado a ser, y Malouda tampoco tiene sustituto en Keita, almenos de momento-. Además, Baros nunca acabó de explotar y el juego de los franceses dependía en demasía de un centro del campo con tres clones: Juninho, Kallstrom, Bodmer y Toulalan. Los cuatro la tocan y distribuyen, y sólo tienen mínimas diferencias en el juego a balón parado, donde Toulalan no está al nivel de los otros demás y en defensa, donde pasa lo contrario. La solución fue algo nuevo que pocos se esperaban. Jóvenes todavía, muy jóvenes, explotaban Karim Benzema y Hatem Ben Arfa. Estos dos jóvenes delanteros le han dado un lavado de cara al ataque de los galos y ya levantan pasiones. Benzema es un tanque demasiado inteligente, algo así como un Trezeguet más potente. Sólo es cuestión de tiempo que le supere en muchas facetas del juego. Ben Arfa es más bien un jugón, un tipo que arrastra a defensas y arriesga en ataque, esperemos que no pierda ese descaro.

 El Barcelona no está tan mal como dicen, pero tiene un problema muy difícil de superar desde la final de París. El problema es que todo el mundo lo toma como modelo, lo ve como el equipo perfecto. La prensa, el entorno y el aficionado, por tanto, presionan para que sea así; pero el Barcelona, como todos los equipos de la historia, no es la escuadra perfecta. Y esa es la base de todos los detalles criticables del Barça, el resto es puta especulación, como todo el texto que sigue a esta línea.

Me explico -y el Lyon me va muy bien para explicar esto-: los azulgranas tienen defectos, como todos. El comienzo de la temporada del Barça ha sido, de hecho, como lo vivieron en Lyon. El primer obstáculo en cada partido es el autobús que ponen los rivales en el área. Contra Osasuna vi un hecho histórico, raro como un perro verde: era Pandiani, que defendía. Al Lyon le pasó lo mismo pero le perdieron el respeto demasiado rápido. Con el Barça eso no pasará porque siempre hay grandes nombres sobre el campo. La solución del Lyon, los jóvenes: ¡qué casualidad! Benzema y Ben Arfa; Giovani y Bojan. Cosas de la vida, aunque no creo que se les deba forzar tanto a los canteranos culés como se ha hecho con los franceses, que cuentan con más años de experiencia.

Qué más, que más…por ejemplo, el problema del que hablaba en la medular del Olympique. Cuatro cromos iguales, me suena mucho. Deco la toca, Xavi la toca, Iniesta la toca, Touré la toca. Vale, el africano es distinto, más lento, más alto, a ratos más defensivo y con un cañón. Pero son un estilo de jugador parecido, con lo que es fácil confundir papeles. ¿Quién debe construir el ataque? A veces parece que todos esperen que lo haga otro. Tenemos el centro del campo con más calidad del mundo, pero nadie conoce su papel. En el Sevilla, Poulsen y Keita la roban, Duda las pone, Navas y Alves salen disparados por las bandas y Maresca y Renato entran desde la segunda línea. Cada uno tiene un rol específico -y espíritu de sacrificio, que algunos, aunque pocos, del Barcelona se lo dejan en casa-. En el Arsenal, Gilberto las roba, Rosicky reparte, Hleb corre y Cesc lidera y entra a definir. Incluso el Madrid adquiere un orden. Diarra, quieto en el círculo central, la roba y la suelta; Robinho desequilibra; Drenthe se desgasta; Sneijder reparte y clava las faltas y Guti da el último pase.

También me servirá comparar con los gunners. Mientras buscaba información sobre el Arsenal, he visto que varios blogs de supporters de los de Wegner coincidían en la clave del buen juego de su equipo. La marcha de Henry. En realidad, el Arsenal lleva ya unos seis meses sin Henry, y los jugadores demuestran que nadie es imprescindible en este mundo. Lo que argumentan los aficionados es que, poco a poco, el resto de jugadores han perdido ese vicio de jugar para el crack. Cesc ya dijo en una entrevista que, al principio, siempre buscaba a ‘Titi’ para darle el pase, y que él mismo le enseñó a quitarse esa manía. Hleb, por el esquema de juego del Arsenal a veces se topaba con un Henry caído a la banda que le obligaba a marcharse al centro, de modo que aprendió a cambiar de opción sobre la marcha. Ahora, sin él, Cesc la pasa a quien mejor colocado está, porque el crack es él, y Hleb está acostumbrado a variar de jugada constantemente, ya no busca sólo la banda. En el Barça, sin embargo, ¿quién es el crack? Yo digo que hoy, el que marca el esquema de juego culé es Ronaldinho. Sin él, el ataque de tres, encajonados, cambiaría con casi total seguridad, y todos se buscarían un modo de evolucionar otras facetas del juego. No digo que se tenga que vender a Ronaldinho, porque es el jugador más decisivo del Camp Nou, pero si las cosas se tuercen, habría que hacer una reflexión. Quizás toque cambiar de estilo, y el problema que hay ahí es que, si se fuera Ronaldinho, muy probablemente los mismos jugadores harían recaer el peso del juego en otro atacante, llámese Deco, Eto’o, Messi o Henry. ¿Qué hacer? No lo sé ni entraré a discutirlo, aunque lo mejor sería aprender a vivir con ello y usarlo en nuestro favor, que también se puede.

Cambio de tema. Alain Perrin parecía, como Rijkaard, un entrenador con ideas ofensivas y sentido común, pero pronto le empezaron a cuestionar su incapacidad para resolver problemas de estrategia. Al holandés, al que supuestamente Laporta ha dado un ultimátum, le ocurre lo mismo por muchos motivos: es difícil resolver  estrategias de ataque ante defensas de ocho, tiene demasiados cracks, mucha presión mediática, etc. Al final, Perrin se salió con la suya a base de confianza. El Lyon afrontó un par de partidos complicados y los ganó; y ahora, de momento, todo es coser y cantar. Así va el fútbol, a rachas. El Barça no será una excepción y los resultados se habrán vuelto óptimos en caso de ganar dos encuentros dificilísimos como el de Champions y el del sábado ante el gran Sevilla -la clave es trabajar la defensa y contra los grandes, el ataque saldrá solo-.

Ya acabo, estos problemas no son significativos, no pierden partidos. La desgana y la falta de trabajo sí lo hacen, pero sobretodo se ha de achacar a la presión de ser ‘el equipo perfecto’ y al modo de encarar los partidos de los rivales, que llevan tres años estudiando cómo parar al F.C.Barcelona y ya saben hacerlo. Dos empates a cero son lamentables, sí, pero eso mismo no puede suponer el fin de un Barça triunfal, y espero que en Champions se empiece a demostrar. Mientras tanto, ¡que siga el espectáculo!



El gigante teutón y los turcos

Por Sergi Falcó 

 

*Si el vídeo no se les ve, visiten esta URL, que tan amablemente nos cede airfutbol. Nuri Sahin, el futuro crack turco:     http://www.youtube.com/watch?v=m9D_CbnRLzI

A estas alturas de la temporada, muchos apostaríamos decididamente por el Bayern de Munich como campeón de la Bundesliga. No es para menos. Tras unas jornadas, el gigante que preside el gran Beckenbauer arrasa con todo a su paso por las canchas teutonas. Como si la fiebre inglesa del fútbol de los nombres le hubiera afectado también a ellos, los de Baviera se han reforzado, a base de talonario, como pocos.  Toni, Ribery y Klose son los nuevos buques insignia de un conjunto, este año sí, realmente fuerte.

 A recuperar el crédito perdido 

Rummenigge y Beckenbauer, dos históricos del fútbol alemán, se dieron cuenta que ya no se podía seguir con los experimentos al final de la anterior temporada, donde el Bayern hizo un ridículo no tan espantoso por la posición que ocupó (4ª), sino por el juego desplegado, que fue algo más que pobre. Jugadorazos de la casa como Lahm, Swenchsteiger, Podoslki –que decepcionó muchísimo- o Lell no podían asumir, por su juventud, las riendas de un equipo que, por otra parte, parecía más un cementerio de elefantes que una escuadra campeona. Kahn, Makaay, Santa Cruz o Scholl ya no estaban al mismo ritmo que el resto de jugadores, y ofensivamente sólo se salvavan Pizarro y…¡Lúcio! Con un central como segundo hombre más peligroso de un equipo no se podía optar a nada.

 

Con esa situación, el cuerpo directivo no dudó en barrer a fondo la casa. Scholl, el más señor de todos, decidió retirarse; Salihamidzic ya lo tenía todo hecho con la Juve desde Navidad; Makaay había expresado su deseó de marcharse, y Santa Cruz tres cuartos de lo mismo. Así las cosas, sólo queda un carcamal en el equipo: el otrora campeonísmo Oliver Kahn, que hoy sobraría de no ser porque sus suplentes parecen no saber lo que es atajar un balón. Además, Pizarro, una de las referencias del equipo, decidió aprovechar el tren de su vida. El todopoderoso Chelsea de Mourinho le esperaba para hacerle la competencia a Shevchenko o Drogba. Podía aceptar seguir siendo el crack de un equipo perdedor –y seguir siendo humillado e increpado por los aficionados, que lo culpaban injustamente de la falta de gol de su equipo- o irse a competir de verdad a un gigante de la magnífica Premier League. Tomó una sabia decisión, y dejó al Bayern en la estacada.

 

Y bendito dinero, que permitió la metamorfosis del Munich. Con gran rapidez, Ribery y Luca Toni fueron contratados. Sin Pizarro ni Makaay, Toni será el rematador; Ribery, la mayor apuesta por el cambio de estilo. Se buscaba a un nuevo Ballack, a un castillo hecho hombre, pero trajeron al malabarista francés. Eso sí, garra no le falta. El equipo bávaro había bombardeado el mercado antes que nadie, y media Europa no tuvo más remedio que aplaudir esta vez la estrategia de Beckenbauer. El espectáculo estará servido, también en la UEFA.

 Devorando Alemania, como siempre 

Pero el afán por reforzar el equipo no quedó ahí. Como cada verano, el Bayern buscó en lo mejorcito de su país, y prácticamente se llevó todo lo que necesitaba. El primer gran objetivo: Miroslav Klose. Tras un par de reuniones secretas y la pataleta de Perder Bremen, el gigante alemán se llevó al estandarte verdiblanco. La tripleta atacante, con Klose, Toni y Podolski, ya estaba definida. Éste último, tan letal con la zurda como torpe con la diestra, apunta a la suplencia. Por detrás, ‘Scarface’ Ribery. Se reforzó la defensa con Marcell Jansen, un espectacular lateral izquierdo de 1,90, que ha hecho ponerse las pilas al genial Phillip Lahm. Pero aún faltaba algo en el once teutón: seguían teniendo ‘mono’ de Ballack.

 

Ante la posibilidad de hacer un cambio de tendencia total y añadir a otro ‘jugón’ en la media punta, Beckenbauer no estuvo tan valiente. Así, el club no lanzó sus redes sobre estrellas como Diego, Van der Vaart o el punta Mario Gómez, sino que prefirió un hombre fuerte, un 4X4. Tenían a Van Bommel, que siempre cumple –como hizo en el PSV y, a pesar de las críticas, en el F.C.Barcelona-, se habían agenciado a Sosa, una joven promesa con juego de fantasía, pero querían algo más, con ambición.

 El nuevo Ballack 

Miraron a un equipo que siempre ha formado a grandes jugadores. El Schalke 04 disponía de potentes futbolistas, entre los que destacaban dos: Lincoln y Hamit Altintop. El primero, brasileño nacionalizado alemán, más de la escuela de Andreas Möller, prefirió marcharse a otro país, mientras al germano-turco se le abrieron las puertas del cielo.

 

Hamit Altintop, fortísimo jugador de 25 años nacido en Alemania pero de padres turcos, solventó rápidamente su pase para formar parte del ilusionante proyecto del Bayern. Para mí, él es el Ballack de este equipo, aunque nunca se le reconocerá ese mérito. Primero, porque lo es a pequeña escala -no es tan decisivo como él-; y segundo, porque no tiene ese gancho mediático –es turco, cosa que a la prensa alemana parece no gustarle a la hora de valorar el fútbol de sus compatriotas-. Ambidiestro, empezó su carrera jugando de libre, y cuando un ojeador del Schalke lo vio, llamó al entrenador del club: “Decidle a Olaf Thon que ya se puede retirar tranquilo, tenemos a su sucesor”.

 

En Alemania, los mejores jugadores han ido saliendo a imagen y semejanza del gran ‘Kaiser’, y los Brehme, Thon, Matthaus, Sammer, Effenberg –éste de muy pequeño- o Ballack empezaron su carrera en la posición de líbero. Por exigencias del a veces mal llamado ‘fútbol espectáculo’, casi todos estos jugadores acabaron avanzando su lugar en el terreno de juego a la medular, convirtiéndose la mayoría en pivotes defensivos u organizadores. En los últimos casos, los de Effenberg y Ballack, las dos últimas grandes estrellas del fútbol alemán, acabaron en la media punta y se les exigía creación y pase, pero sobre todo pegada y gol.

 

Hamit Altintop no ha sido una excepción. Al ver el cañón de su pierna derecha y su buena visión de juego, sus técnicos decidieron irlo adelantando. De líbero a pivote defensivo, de defensivo a volante, de volante a mediapunta. Ahí suele quedar la cosa en estos casos. Pero Hamit, en una temporada atípica para él, demostró que está hecho de otra pasta. En su primer año en Schalke, a alguien se le ocurrió que probara como segundo punta, y tras seis jornadas en esa posición había conseguido cinco goles. Tras unos partidos, el lateral derecho se lesionó, y Altintop tuvo que llegar a actuar en esa posición en algún que otro partido.

 Calidad turca 

En Alemania siempre han gozado de la mejor calidad de la Europa del Este, Nigeria y Turquía. Desde Okocha, pasando por Balakov y llegando a Yldiray Bastürk, todos dejaron su sello de calidad en equipos alemanes. Hoy, Altintop, con el 8 a la espalda, es uno de los ídolos de la afición bávara, por encima de Kahn o Toni. Pero fíjense, para mí, no es el mejor turco de la actualidad.

 

El mejor se ha marchado recientemente de Alemania a Holanda. Se llama Nuri Sahin y dejó durante tres años en Dortmund como un segundón a Sebastian Kehl, otro de los candidatos a suceder a Ballack en la selección. Como Altintop, es ambidiestro, pero maneja mejor la zurda. Como Altintop, nació ya en Alemania y juega con Turquía -Emre Belozoglu ya se puede ir retirando de la selección-. Como él, es fuerte, pero éste es bajito. La diferencia es que el próximo día 5 de septiembre cumplirá 19 años y que debutó en el Borrussia –de líbero y de la mano de Mathias Sammer- con sólo 16, todo un récord en la Bundesliga.

 Se acaba de ir al Feyenoord holandés –que se ha montado un magnífico equipo para asaltar el trono del PSV en le Eredivise- tras heredar la manija del centro del campo alemán hace un año, tras la marcha de Rosicky. También ha adelantado su posición y hoy juega como los Xavi, Pirlo, o a veces más adelantado, como Cesc. Para acabar, sólo un dato: Arsène Wegner, el artesano de Londres, dijo hace un par de años en una entrevista que le parecía el mejor jugador Sub-20 del Europa. Recordemos que por aquel entonces Cesc ya era el niño de sus ojos y tenía 17 años. Ahí lo dejamos, vean el vídeo.        



Crisis italiana y fútbol del ¿pueblo?
Agosto 29, 2007, 4:13 pm
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Por Sergi Falcó

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“Al fútbol, a sufrir, que así se olvidan de comer”

Un buen día, desde los despachos del Manzanares, alguien decide cambiar el himno de ‘su’ Atleti. Por hacerlo más acorde a sus “características de club”, dice, encarga a don Joaquín Sabina que componga una cancioncilla. Los ancianos la cantan a la vez que sufren con El Niño y sus compañeros. El Atlético es el ‘equipo del pueblo’ en España. Incluso se dice que el rey es del Atlético de Madrid.

Sin excepción, todo país tiene un equipo que se identifica más con las clases sufridoras. Bueno, con una excepción: Italia. Allí, hasta el todopoderoso AC Milan se convierte en el equipo familiar, patriótico y, por ello, modélico. Desde mediados de los ochenta, con el surgimiento del mejor Nápoles de la historia –el de Maradona-, el mágico ‘Toro’ de Lentini o la no menos vistosa Sampdoria –la de Gullit-, los “outsiders a la italiana” están de moda.

Italia: Samp, Nápoles, Torino…

Ahora bien, como decíamos, la Sampdoria tenía a Gullit; el Nápoles, a Maradona. Me refiero a la falsedad que supone el hecho de cualificarlos como los equipos guerreros, aguerrido, etc. No eran los héroes que se quieren hacer recordar; eran equipazos reforzados a base de talonario. Como todos. Es cierto que siempre había un Vierchwood, un Lombardo, un Vialli o un Francini que ponían en pie el estadio al recuperar tres balones seguidos o perseguir a un rival por toda la banda, pero ahí estaba la clase del holandés y el talento de la zurda de oro. 

Hoy en día, ambas escuadras disponen de algún luchador candidato a ser el Gattuso del futuro pero, visto lo visto, no muchos serán los éxitos que estos jugadores les garanticen. Una ‘Samp’ semirrecuperada lucha, -sin ’Mr.Dreamgoal’ Quagliarella pero con “Il Tallentino” Cassano, ídolo del viejo Bari- por volver a estar entre los 6 grandes en Italia mientras los napolitanos, siempre rodeados de una aura divina que perdura desde tiempos del Pelusa, siguen venerando a los hermanos Cannavaro –y perdiendo en la Serie A- en vez de buscar a su nuevo Zola. El siempre carismático Torino parece tener un único objetivo desde hace años: jugar un derbi contra la Juve –y ganarlo, claro-. Por fin, la cita está asegurada esta temporada. Otra cosa es la victoria. Para conseguirla, se disputa con el Nápoles –qué casualidad- a Recoba, un artista charrúa de carácter difícil en declive, de rendimiento irregular pero de genial conexión con las masas. Como Cassano.

La clave es esa, que las masas se identifiquen. El Inter se construye alrededor del pretoriano Materazzi; el alma del Milan es Gattuso, el ‘fascio’ Lazio quiere resurgir con Rocchi –su nuevo Di Canio-; una Fiorentina podrida acoge al abuelo Vieri. Sin embargo, siempre hay excepciones: Roma y Juventus, con más clase desde Platini y Giannini, se resisten a perder sus estandartes, que son italianos, sí, pero ante todo un par de genios: Totti y Del Piero.

Del orgullo al catenaccio

Por lo demás, el fenómeno del equipo proletario ha derivado allí en algo mucho peor: el capellismo –en los banquillos- y el materazzismo –en la cancha-. Lo que mola ahora en Italia es robar balones y chillar, dar entradas por detrás y mirar con chulería al rival o a las gradas. El genial sistema del líbero, que tanto dio al fútbol con Scirea, Baresi, Blanc o Krol –este último con el Nápoles hace ya mucho tiempo-, se ha transformado en líneas de cuatro o cinco con un par de pivotes defensivos. Los centrales, nunca a más de quince metros del portero –el único libre del Calcio al que no suspendería en los últimos años es Couto. Imagínense como esta la cosa.

 Recoba, Cassano, Gattuso, Materazzi, Rocchi, Di Canio e incluso Maradona; todos son futbolistas que, de un modo u otro, enganchan a la afición. Unos, por su mal genio; otros, por su excentricidad; otros, por su garra. Los hay más y menos vistosos, mejores y peores, pero el club siempre los acaba utilizando como elemento mediático. Y eso es lo que destroza el fútbol. ¿Saben quién es el Alonso, Nadal o Gasol de turno en la publicidad italiana? Gennaro ‘Rhino’ Gattuso. Se sorprenderían con la relación que guardan las técnicas publicitarias y toda la parafernalia del espectáculo con lo que al final se ve en el campo. En Italia han escogido ese camino.

¿Qué está pasando?
Pero bueno, la cosa les va bien. El fútbol italiano sigue convulso por escándalos de corrupción y amaño, las mafias se sientan en los palcos y ‘sacchiales’ se lamentan de la fuga de talentos –ojo con Giussepe Rossi y Rolando Bianchi-, pero…¿Quién ganó el pasado Mundial? Ellos, y eso no se lo quita nadie.

 Lo grave es que están tan orgullosos como los miembros de la odisea griega en la Eurocopa o el antibrasil de la última Copa América. O Liverpool y Milan, flamantes finalistas de la última edición de la Champions. Ay, amigos, al final habrá que aprender de Dunga y de Capello, o buscar el espíritu de Juanito. O admitir que Raúl ha resucitado. Rudeza, rudeza, futbolistas trabajadores, que llevan a la victoria. Y todos tan contentos.

Del dinero de Cerezo y del Rey

Olvidémonos del peor catenaccio y volvamos, para finalizar, al fútbol de la ‘prole’, con una película que se montó un buen amigo colchonero. Era algo así como… que va el rey y dice “Sofi, Sofi, prepara los bocatas de chistorra que hoy vamos a ver a mi Atleti al Calderón. Si es que respiro fútbol, mujer, me siento uno más… ¡Hoy Remontamos a los alemanes y nos colamos en la final de la UEFA!” No sé de qué se ríen, igual hasta es verdad. Y a golpe de talonario –también con Riquelme y Motta, según me hacen saber-.



Contexto: el momento clave
Abril 22, 2007, 11:19 pm
Archivado en: La verdad está ahí fuera, Opinión

Por Sergi Falcó

 En el fútbol europeo soplan vientos de cambio. En una semana que ha visto como se decidían los primeros títulos ligueros, ya podemos empezar a formular hipótesis sobre nuevos ciclos.

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  En Italia, el Inter suma su título de liga número quince con una victoria ante el Siena gracias a dos goles de Materazzi. El caso de este defensa es ciertamente estrambótico. Un Pablo Alfaro con llegada y calidad que, pasada la treintena, se convierte en el héroe de los tiffosi italianos y nerazurros. Y tan extraña como su trayectoria ha resultado ser esta edición de la Serie A. Un año de transición que ha servido para que el Inter haya podido abastecerse (mediante sumas de dinero sospechosas) de grandes jugadores y haya preparado un equipo para asegurarse el título. Con el Milan mermado desde los juzgados hasta el campo y la Juve fuera de combate, sólo la Roma podía hacerle frente a los de Mancini. La clave, a parte del dinero y la poca competitividad, ha sido la apuesta del entrenador por jugadores que no encajarían en el catenaccio. Así, Ibrakadabra, el potente Adriano o el inteligentísimo Crespo han cumplido su objetivo a ritmo de record. Sin embargo, está por ver si los de San Siro pueden consolidarse la próxima temporada, en la que, siempre que no haya otro escándalo de corrupción, contarán la oposición de un Milan fortísimo y de una Juve, si el dinero se lo permite, renovada. A todo esto, dos apuntes: el primero, sigan también a la siempre peligrosa Roma (ya prepara fichajes de calidad para la temporada que viene) y no se pierdan el resurgimiento del Lazio, que juega con una alegría impropia de los equipos transalpinos. El segundo, el Inter ya había cosechado éxitos cuando gustaba contar con jugadores de la talla de Bergkamp, Klinsmann, Matthaus, Baggio o Kanu. Si nutren el centro del campo de un mediapunta de fantasía (¿por qué rechazarían a Pirlo?), podrán hacer historia.

 En campeonatos como el escocés, el griego o el francés, equipos como el Celtic, el Olimpiacos o el Olympique de Lyon dominan con mano de hierro la liga un año tras otro. Felicitaciones a los verdiblancos por su 41º título liguero, y al Olympique por el récord de seis campeonatos consecutivos. También a los del genial Rivaldo. Los monopolios de estos clubs restan emoción a los torneos y hacen que, cuando juegan en Europa, pequen de inexpertos. De otro modo, el Lyon, que entona el alirón en plena crisis, hubiera llegado ya a la final en Champions. En Alemania ocurre todo lo contrario: podemos ver como los pocos equipos que pueden competir económicamente con el Bayern han puesto en jaque su reinado. Este año, los de Munich no ganarán la liga, pero habrá que esperar para ver si no se nutren de los mejores jugadores del ámbito nacional y reconquistan “su liga”, como ya hicieron tras las rebeliones del Dortmund hará una década y del Leverkusen, hace algo menos.

 En Inglaterra, en España, en Holanda y en Portugal se vive una situación singular. Las eras de Chelsea, Barcelona, PSV y Oporto se ven seriamente amenazadas cuando faltan semanas para saber el desenlace del presente curso. En las islas, el Manchester juega como los ángeles y tiene contra las cuerdas al gigante Chelsea, por mucho que el estratega Mourinho se empeñe en presentar a su equipo como el aspirante al título. En caso de consumarse el cambio, las entrañas del titán de Londres se estremecerían. Atentos también a la Champions, que podría acabar de rematar a los de ‘Mou’ si la ganara otra escuadra inglesa (yo apuesto por…el Liverpool). En España, el Barcelona tiene equipo y sigue estando uno o varios cuerpos por delante de los demás (también de los europeos). El problema es que ellos lo saben y se relajan, esperando hasta el final para dar el acelerón. Además, los equipos juegan extramotivados ante los catalanes. Si perdiera la liga y la copa, el Barça vería como, con toda seguridad, el Sevilla se estaría subiendo a las barbas durante, al menos, otro año más. Eso a no ser que ganara el torneo liguero el Real Madrid, que no sería más que un espejismo para los blancos pero mermaría la moral culé. En Holanda, el espíritu azulgrana sigue presente: El AZ Alkmaar representa la disciplina de la era Van Gaal, el Ajax de Ten Cate es una réplica del Barça de Rijkaard y Davids, y el PSV de Koeman tiene la seguridad del campeón que tenía el Dream Team. A falta de tan sólo una jornada, AZ y Ajax ya han empatado a puntos con los de Eihndoven y le arrebatarán el título si uno de los dos gana. Podría tratarse del resurgimiento del Ajax o de la consolidación del AZ. En Portugal, por último, un rejuvenecido Sporting de Lisboa y un Benfica tan mediático como irregular le ponen las cosas más difíciles cada año al Oporto, que esta temporada tendrá que sudar sangre si prentende coronarse de nuevo.

 Cabe decir que si este curso nos puede dar nuevos e inusuales campeones, no quiere decir que ya se cambien los ciclos. Eso, en todo caso, se vería al final de la temporada siguiente, cuando se podría comprobar si los ahora dominadores de los torneos han caído en picado y si las revelaciones ya son realidades.