Archivado en: El sillón de Aragón
por: Gerard Aragón
Schuster, Laudrup, Figo y ahora puede llegarle el turno a Saviola. Todos ellos grandes jugadores que, por alguna razón, cambiaron el color azulgrana por el blanco madridista. Empezando por el “Nibelungo”, que abandonó el Barcelona tras ocho años de marcar época, siguiendo con Laudrup, que por sus diferencias con el, por aquel entonces, sagrado Cruyff se vio obligado a marchar y acabando por Figo, considerado el pesetero más grande de la historia del Barça. Ahora, la bomba que corre por Madrid, y con la que algunos esperan vengarse del caso Eto’o, es el posible fichaje del “Pibito” por el Real Madrid. Evidentemente, si tal hecho se produjera, se desatarían las iras más grandes del barcelonismo y asistiríamos a un nuevo caso Figo ya que, como el portugués, el argentino siempre ha sido muy querido por un amplio sector culé y supondría un golpe duro para la afición. Pero ¿sería el mismo caso realmente? no, en absoluto. 
Cuando Florentino Pérez empleó sus malas artes para fichar a Figo, en el verano del 2000, el luso era la estrella indiscutible de un Barça decadente y su liderazgo dentro del equipo era clave. El bueno de “Flo” era plenamente consciente de ello y sabía que tal estocada en el corazón barcelonista le convertiría en el nuevo presidente del Madrid. Ahora bien, cuentan las malas lenguas que cuando Florentino contactó con Figo y le ofreció el contrato de su vida, el portugués llamó a Gaspart, elegido presidente del club días antes, para equiparar la oferta, pero la respuesta de éste fue un no rotundo y el resultado todos lo sabemos. Ya fuera porque las arcas del club estaban vacías o porque el sentimiento del aficionado no importaba en el seno de una directiva podrida, días después, Figó posaba con su sonrisa “profident” junto a Di Stefanno, mascota de la entidad merengue. Cabe decir que Gaspart, haciendo uso de su gran olfato deportivo, supo invertir los 60 millones de euros en el fichaje de dos “auténticas superestrellas”, Overmars y Emmanuel Petit, que pasaron sin pena ni gloria por el conjunto azulgrana.
El caso de Saviola es muy diferente. Corría el año 2001 cuando, tras proclamarse campeón del Mundial Sub 20 con la albiceleste y con tan sólo 19 años, el Barça lo fichó. La operación se saldó por nada más ni nada menos que 36 millones de euros, siendo el fichaje más caro de la historia del club. En otro destello de su genialidad, Gaspart estableció un contrato por el cual el Conejo ingresaría 4 millones de euros anuales, una cifra muy alta en aquel tiempo. Desde el primer momento, Saviola se hizo un hueco en el corazón del aficionado del culé y firmó tres campañas con un buen rendimiento pese a no lograr ningún título. Con la llegada de la era Laporta, Rijkaard se convirtió en el nuevo entrenador del Barcelona y desde un primer momento, y aunque el Conejo realizó una gran pretemporada, no entró en los planes del holandés por su perfil de atacante y su poco portento físico. Fue cedido un año al Mónaco, donde no brilló, y posteriormente al Sevilla, donde consiguió la copa de la UEFA. El pasado verano el club lo recuperó con la intención de darle una salida efectiva para percibir una cantidad de dinero que un año después sería imposible, dado que el jugador quedaba libre al siguiente verano. El Barça, con Txiqui a la cabeza, removió cielo y tierra para dar salida al argentino pero la primera opción del conejo siempre fue quedarse al Camp Nou, saldar su último año de contrato y poder elegir destino al final de la presente campaña. Si la titularidad de Saviola era complicada con la presencia de Eto’o, la llegada del islandés Gudjohnsen supuso un nuevo obstáculo para el argentino, que quedó como tercer delantero con muy pocas opciones de jugar. Ahora, encarando el tramo final de la temporada, hay que aplaudir la perseverancia de un jugador que se ha comportado como un verdadero profesional, acatando todas las órdenes de Rijkaard, entrenando siempre (no como otros) y callando, sobre todo callando. Cuando ha salido al campo ha demostrado que conserva su olfato goleador, que es un jugador vertical i que suda la camiseta. Perfectamente podría sustituir a Giuly y a Gudjohnsen, jugador que ha demostrado que no tiene nivel para jugar en el Barça. Pese a los tímidos deseos de Rijkaard de renovar al jugador, la negativa de la directiva es clara y Saviola ya escucha ofertas. Una de ellas, como ya he dicho al principio, es la del Real Madrid, aunque también es pretendido por otros clubs como el Atlético de Madrid o el Villarreal. El jugador no se ha pronunciado oficialmente y Diego Queiruga, su actual representante, afirma que no se quedará en el Barça ni fichará por el Madrid, pero cuando el río suena…
Si esto llega a suceder y Saviola acaba vistiendo de blanco, no se le podrá recriminar nada ya que ha sido un jugador con calidad para estar en la plantilla, que lo ha dado todo por jugar en el F.C Barcelona y que, al verse privado de ello, tiene todo el derecho a fichar por un grande como es el Madrid.
Y es que si una cosa no se puede negar es que el Barça hace grandes a muchos jugadores pero también es cierto que muchos de ellos acaban saliendo por la puerta de atrás, como si nunca hubieran vestido la camiseta azulgrana ni hubieran dado grandes noches a los aficionados.
Antes de pitar a Saviola luciendo el escudo del Madrid, reflexionemos un poco.