Por Sergio Morales.
No entiendan esto como noticia, sino como memorandum o una reflexión: la España de Pau y Pepu perdió el pasado domingo la final del Europeo de Baloncesto contra la Rusia de Andrei Kirilenko. Y estoy contento, es una gran noticia. No me arranquen todavía la cabeza, dejen que les explique.
La actual selección española de baloncesto es un equipo increible. Juegan a un ritmo endiablado, conocen los puntos débiles de los rivales y saben como meter el dedo en la herida. Tienen una serie de jugadores que, a nivel individual, pueden ganar una final (Navarro, Gasol, Calde, Garbajosa, Rudy – y sigan contando). “Lo bueno de España es que cualquier jugador puede reventar el partido”, Iturriaga dixit. Y no es mentira. No olvidemos la filosofía ofensiva de Pepu: cambios rápidos y continuos para evitar el cansancio (pocas veces veran en España a Pau jugando 30 minutos seguidos y muchas veran en Francia a Tony Parker hacerlo).
¿Qué más? Juventud: cuando el número de jugadores con más de 25 años de una selección campeona del mundo (casi) se puede contar con UNA mano, significa que hay selección para rato. Más alicientes: jugadores NBA. Tenemos un Gasol Superstar. Tenemos a un sophomore aventajado (Jorge). Tenemos un base resolutivo e inteligente (Calderón, infravalorado en Toronto en beneficio de T.J. Ford). Tenemos otro base que puede convertirse en un Jason Williams acelerado (Sergio “Chocolate Blanco” Rodríguez). Y tenemos una bomba (Navarro). ¡Joder! No sé porque le doy tantas vueltas: tenemos un equipazo que podría hacer sombra y vencer a cualquier equipo de cualquier época (a excepción, claro está, del Dream Team del 92 – ¿o no?). Y no olviden la cantera (Rubio, Texenery García, Víctor Claver…)
Pues bien, después de aburrirles con este elogio a la selección nacional, explicaré el porqué de mi alegria ante la derrota. España es, sin duda y con mucha diferencia, la mejor selección del mundo (mejor que Estados Unidos, un corral de gallos con ganas de fornicar con una gallina llamada Pelota; mejor que Argentina y Grecia, las versiones basquetboleras de Argentina (¡ja!) y Italia de fútbol). Esta superioridad aplastante y humilladora sólo podía conllevar una cosa: la soberbia. Una cosa es ser Dios y otra cosa es creerse Dios; una cosa es ser buenos y otra es creerse buenos. La sensación de un servidor sobre la selección y sus cercanías (entiéndase público y periodistas) es que han estado a punto de creérselo, pero hay ha estado mi amigo Kirilenko para decir: “¡Ei, capullos! (con cariño lo dice; él es muy así), sois los mejores y por eso todo el mundo va a por vosotros, os tenemos ganas y vamos a dar la sangre para humillaros”. Bueno, quizás no dice eso, pero la idea está clara.
Perder esa final es lo mejor que le ha podido pasar a España (pero si hubiéran ganado, no hubiera estado mal, ¿no?). Ahora han vuelto a la realidad, han bajado de la nube. Esto les ayudará a trabajar mucho más duro, a estudiar mucho más a sus rivales, a no bajar la guardia y a convertirse en un rival mucho más duro de roer de lo que ha sido nunca. Si antes eran buenos, ahora son buenos y estan cabreados, con hambre de títulos y de hundir hasta a un equipo All-Star (aunque, en vista de los últimos All-Star Games, realmente eso no sería muy difícil…).
por Sergio Morales
Todo el mundo lo sabe: Kobe Bryant está de moda. Y no es para menos. Los números de este señor hablan por sí solos (31 puntos, 5′7 rebotes y 5′4 asistencia por partido) y las personas hablan por la estrella de los Lakers: “A este ritmo se convertirá en el mejor de la historia”, “Es el digno sucesor de Michael Jordan”, “Es imposible pararlo”. De estas afirmaciones, la única que tiene algo de razón es la tercera. K.B. es un grandísimo jugador, único, con carisma… una estrella en toda regla, eso es innegable. Aun así, le quedan años luz para acercarse e incluso está lejos de situarse entre los 10 mejores de la historia.
-¿Pero por qué dices eso? Está claro que es de los mejores… ¿Acaso sabes tú de muchos jugadores como Bryant? – Pues, sinceramente, no. Como Bryant, pocos hay o han habido. Un jugador que anota más de 50 en puntos en cuatro partidos seguidos se merece alabanzas hasta del mismísimo Air Jordan. Yo se las doy. “Te alabo, Mr. Bryant”, dice Gas Snake.



