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Crimen y Castigo
Septiembre 30, 2007, 8:57 pm
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Alvy Singer 

Resulta curioso como han sido los diarios madrileños los que han hecho la defensa más discreta y eficaz de Ronaldinho: fingia su lesión y se ocultaba tras el escándalo mediático. Pues sí, esto podría tener más coherencia que dar credibilidad a la lesión y continuar con su reportaje acerca de los Vicios de la Estrella. Ante la polémica lo mejor para el equipo ha sido ocultar la incomodidad: le han dado al jugador, esperemos, un relax casi obligatorio y al equipo espíritu ganador. Esto no tiene nada que ver con el Messinho (concebido para el aplauso y el sí, sí de los detractores) ni nada por el estilo.

*

Rijkaard eliminó las multas con su llegada como entrenador. Y el Barcelona, redacta en estos momentos su código disciplinario. A toda prisa, en Madrid, Pedja Mijatovic quiso anticiparse a cualquier otro escándalo con el oportunismo del listillo. Y el Barcelona carece de código y de multas. Para mí está claro el culpable. ¿ O es que el Funcionamiento del MilanLab se basa en el diálogo y la profesionalidad? Ah, ingenuidad.

**

Otro crimen: el de la victoria del Real Madrid frente al Getafe. Atrincherados esos noventa-y-tantos minutos, de momento la prensa no dice nada de la Era Cappello. Es el name dropping prohibido. Tres ocasiones del Real Madrid y titulares entre sinceros y bíblicos: Victoria de Milagro, reza el Marca. Yo diría Victoria de Casillas.
 

***

El último castigo: la derrota del Sevilla ante dos goles, golazos como dice el aficionado, de un Zaragoza mermado y buscando aliento tras la semana pasada. Una mala racha, dice Juande Ramos, ejerciendo siempre de conciliador. Tal vez la desgana de Alves o el pasotismo de Kanouté, evidencien a un equipo de buen juego pero dónde sólo salen como gladiadores Diego Capel o Jesús Navas.



CUANDO SE PIERDE LA SONRISA
Septiembre 27, 2007, 11:52 pm
Archivado en: Futbol es pasión

J. Tejedor 

     

Hace ya unos diez años que vi jugar al fútbol a aquel niño. Era un chico delgaducho, moreno, con el pelo rapado y unos dientes grandes y feos. Pero él, lejos de acomplejarse, nunca los escondía. Mostraba orgulloso en todo momento la gran dentadura que ostentaba con la sonrisa más amplia y sobre todo más sincera que he visto nunca. Esa sonrisa histérica e incontenible, junto con dos ojitos negros juguetones, revelaban que se trataba de un niño revoltoso, travieso y descarado. Un niño que era capaz de sentar a Dunga, el capitán de la Tetracampeona del mundo, con la “finta del loco” (su famoso dríbling de rabona) y quedarse tan ancho. Se le veía feliz cometiendo injurias simpáticas como aquella. Los gritos de “mercenario, mercenario” que le brindó el público del club de su corazón el día de su despedida no eran suficientes como para difuminar el arco de sus labios. 

Pronto me di cuenta de que aquél churumbel del fútbol brasileño no era  en realidad tan niño como me había parecido a primera vista. La temprana muerte de su padre, cuando él aún se dedicaba a regatear a su perro en el patio de la favela donde nació, le había hecho madurar. Pero una tragedia como tal no logró arrebatarle su sonrisa. Él seguía exhibiendo orgulloso sus abultadas encías y sus desordenados dientes por los campos de su país. Cuando el candor de su sonrisa deslumbró más allá del “charco”, desavenencias por el precio de sus derechos de formación le mantuvieron apartado de los terrenos de juego durante seis meses. Un periodo de tiempo que no le supuso la pérdida de las ganas, el hambre, la garra, la chispa, el regate, la visión… ¡la fantasía! con la que después encandilaría al resto del continente. Y lo que es más importante, este duro trago tampoco logró marchitar su estrambótica sonrisa. 

El niño siguió creciendo y asombrando a todo cuanto osaba observarle bajo lupa para poner en duda sus cualidades. No obstante, nunca perdió aquella chispa de travesura y descaro que le llevaron a batir a todo un David Seaman en los cuartos de final de una Copa del Mundo desde casi el centro del campo. Ni siquiera el hecho de ser expulsado pocos minutos después le hizo perder la alegría que desprendía su expresión facial, puesto que era consciente de que sí estaría para disputar la gran final que le coronaría a escala mundial. Tampoco le hicieron perder la sonrisa las diferencias con su entrenador la siguiente temporada: era consciente que, después de aquél año de trámite, daría el salto a un club grande y eso le daba fuerzas para seguir mostrando al mundo los frutos de sus encías. 

Pronto llegó al Barça y la sonrisa del mago se consolidó como perenne: la alegría que desprendía su brillantez impregnó a una afición y un equipo desilusionados y de capa caída. El primer año en el Camp Nou se destapó como el mejor jugador del planeta y uno de los mejores de la historia. El segundo llegaron el buen juego y el primer título. En su tercera temporada llegó al cenit, la cumbre, el clímax de su carrera deportiva: estaba no uno, sino tres o cuatro escalones por encima del resto. A título individual era sin discusión el número uno del mundo y quizás de la historia. Y a nivel colectivo, su equipo era el que mejor fútbol había sido capaz de desplegar por lo menos en los últimos quince años.  

El sueño de todo aspirante a futbolista estaba cumplido. No podía pedir más. Estaba escribiendo la historia del balompié en letras de oro tanto individualmente como a título de equipo. “Ronaldinho” era un nombre que convertía en irrisorios adjetivos como “fantástico”, “mágico”, “apoteósico”, “genial” y muchos más sinónimos que quedaban en nada. Como decorado de lujo, el nombre del F.C. Barcelona. El Barça de Ronaldinho estaba ya a la altura del Barça de las 5 copas, del Dream Team, del Barça de Cruyff, Neeskens, Asensi, Reixach y compañía y, por supuesto, muy por encima del Barça de Maradona o el de Ronaldo. Sin duda se trataba de un gran colectivo con grandes individualidades como la seguridad de Valdés, el liderazgo de Puyol, la entrega de Deco, la imaginación de Iniesta, la clase de Xavi, la fantasía de Messi o la garra de Eto’o. Pero, por encima de todo, este era El Barça de Ronaldinho. 

El niño seguía siendo un niño que sonreía con total sinceridad cada vez que algo le ilusionaba o le gratificaba. Pero eran tantos factores de felicidad suprema que se sobreponían que ni la inmensa sonrisa del infante podía abarcarlas. Fue forzando y forzando las comisuras de su boca hasta que estas se empezaron a rasgar, y cuando no pudo aguantar más verlas sangrar de su esfuerzo decidió aflojar un poco su exuberante expresión de la felicidad. Y la sonrisa se fue difuminando. Y se transformó en una boquita de piñón que transmitía seriedad, incluso indiferencia. Era un “vale, con 26 años y en tres temporadas ya he conseguido todo lo que tenía que hacer para pasar a la historia como el más grande… y ahora, ¿qué?”. 

La falta de ilusión e incentivo convirtió la cuarta temporada de Ronaldinho en el Barça en un peregrinaje pesadumbroso, cansado, indiferente y decepcionante. Quizás sea verdad que las salidas nocturnas pasaran de ser una evasión y una recompensa después del esfuerzo de un triunfo a convertirse en un elemento más de una rutina que ya no le llenaba y no le impulsaba a seguir hacia delante. Ese vacío interior, ese sentir que, una vez alcanzado el nirvana futbolístico, ya no había motivo por el que seguir esforzándose a ser el mejor (para qué, si ya lo era?), fue lo que perdió a Ronaldinho. Eso encendió al sector más conservador del Camp Nou una minoría pesimista y cascarrabias que está esperando siempre al mínimo desliz de cualquier futbolista para saltarle al cuello. Y como más bueno sea el futbolista, más pequeño puede ser el error para que haya que crucificarlo con una lanza entre las costillas. 

Una minoría que, sin embargo, perdonó la charlatanería de Eto’o y sus salidas de tono, la mala gestión del vestuario por parte de cuerpo técnico y directiva, la apatía de Zambrotta, la baja forma de Oleguer… todo olvidado, excepto a Ronaldinho. Igual que a su mejor amigo, Motta, al que silbaron incluso el día de su despedida, en uno de los mejores partidos que se le recuerdan con el Barça (gol incluído). Se ha perseguido a Ronaldinho pistola en mano, lupa entre líneas, coma por coma, punto por punto. Y se le ha criticado hasta por beber agua después de los entrenamientos. Me remito al primer párrafo para recordar que ni siquiera los pitidos de la afición que lleva en el corazón consiguieron borrar la sonrisa. Sí lo han hecho los del Camp Nou. Han conseguido torcer la curva 180º hasta transformarla en el más sincero llanto de un niño cuando su padre, al que admira y venera hasta la saciedad, le regaña sin miramientos por una causa injusta. 

Un padre que Ronaldinho nunca tuvo y que creyó haber encontrado en la grada del Camp Nou, a la que ama con delirio. Pero ahora ha encontrado que no ha sido así: el desagradecido y amnésico público del Camp Nou le traicionó dándole la espalda y propinándole abucheos que ni al mismo Figo el famoso día de la cabeza de cerdo. Se ha tratado al mejor jugador del mundo (y por qué no de la historia) de una forma injusta e inmerecida. Y si realmente no es tan grande, no habérselo hecho creer cuando estábamos a tiempo. Pero lo es. Vaya si lo es. Por eso ahora no debemos negárselo. 

Ahora hay que estar con él y apoyarle. Se siente solo, traicionado y, por primera vez en su vida, quizás asustado. Debemos entre todos poner un par de dedos en ese mentón y hacerle levantar la cabeza. Que se dé cuenta de cuánto lo queremos. Si no fuera así, no hubiésemos mostrado decenas de pancartas el día en que él no estaba, ni hubiésemos coreado su nombre el día en que no participó de la fiesta colectiva familiar. 

El aficionado del Barça es un gourmet balompédico y por eso ama a Ronaldinho, por ser el mejor chef de la actualidad en estos páramos. Y Ronnie es joven, tiene bastante fútbol por delante. Una vez auguró que jugaría diez temporadas en el Barça, y así esperemos que sea. Sólo debemos arroparle para que se sienta confortado, seguro, y vuelva a arrullar a su más preciado tesoro, el balón. Sólo él sabe mimarlo como se merece: con ternura, con amor… un idilio perfecto que esperamos poder tutelar muchos años más aquí en Can Barça. Porque Ronaldo d’Assís, que así se llama el niño, era, sigue siendo y será siempre el mejor.



Ronaldinho no es recuperable… porqué aún no está acabado
Septiembre 26, 2007, 6:33 pm
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Por Alejandro Cubero

Déjenme romper una lanza en favor de Ronaldinho. Parece fácil, pero creánme, vivimos tiempos de guerra. De espada y pared, de palabrería y rumor, de ataque sin argumento. Actuamos sin pensar, olvidando las razones para dar rienda suelta a las pasiones. Nos erigimos en moralistas cuando antes aplaudíamos sin cesar y obviábamos lo negativo, vendando nuestros ojos a una realidad que siempre ha estado ahí.

 En Barcelona tenemos un gran problema. Siempre hemos tenido a los mejores. Bueno, casi siempre. Pero estamos acostumbrados al caviar, malcriados por nuestro exigente gusto por el buen fútbol. Y por eso, como llorones niños pequeños, tiramos nuestro juguete al suelo cuando nos cansamos de ellos, esperando que nuestra protectora madre nos regale un divertimento mucho mejor. Somos una afición que pierde la paciencia con facilidad, que murmura y susurra miedosa al más mínimo error de sus ídolos, pero lo que es peor, que olvida rápidamente.

 Y esto ha ocurrido con el crack brasileño. Él fue el artista que hace cuatro años aceptó venir a un Barcelona desinflado, bochornoso, débil y sin presencia en Europa. Éramos un equipo de segundo nivel que realizaba fichajes de tercera categoría. Alfonso, Gerard, Petit, Overmars, Dutruel y De la Peña eran el choped vendido a precio de jamón ibérico. Y él, perseguido por un Madrid entonces poderoso y el siempre prestigioso Manchester United, aceptó la propuesta menos esperada.

No sé si recordais lo siguiente, pero yo sí. Goles, espectáculo, sonrisas y jugadas que hacía tiempo que no se daban en la verde moqueta del Camp Nou. No olvidaré como la gente se levantaba de sus asientos para animar al joven jugador en cada saque de esquina, y como su nombre era coreado y aplaudido hasta en el mismísimo Bernabeu. ¿Podeis olvidar aquello? Yo no.

Ronnie no está bien; Cierto. Está atravesando una racha de desconfianza y mal estado de forma; También. Sonríe menos, y eso siempre es negativo en cualquier persona. Porqué Ronaldinho, por muy rico y famoso que sea, por muchas natillas que coma y por más diamantes que sus lóbulos aguanten, es una persona. Un joven veinteañero, con los miedos, retos, desencantos y desconfianzas que eso comporta.

 Pero es más fácil lanzarlo al aire cual muñeco de trapo y acogernos a Messi, Iniesta, Bojan, Dos Santos, o cualquier nombre exótico que aparezca en bandeja. Podemos ilusionarnos al extremo con Abidal o Touré, y animar a Milito. Podemos dar a Henry, Robben o Eto’o el crédito que no damos al brasileño por hacer lo mismo sobre el terreno de juego. Incluso podemos abuchearle y llamarle juerguista, sin saber si esos rumores que corren son ciertos o no. Criticamos al corazón rosa, pero nos comportamos como Carmeles de pocamonta. E incluso podemos acabar realizando un linchamiento conjunto, como ha ocurrido con otros tantos jugadores, y enviar sus restos aún vivos al Chelsea o Milán. Pero él apostó por nosotros cuando los débiles, corruptos, caóticos y desmelenados éramos nosotros mismos. Confiemos ahora en Ronaldinho antes de que sea demasiado tarde… para nosotros.



Ronaldinho de Assis, escritor: Un artículo para la Wikipedia
Septiembre 25, 2007, 10:48 pm
Archivado en: Opinión, Popball

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Alvy Singer.

 

“La potencia intelectual de un hombre se mide por la capacidad de humor que es capaz de utilizar”

FRIEDRICH NIETZSCHE

 

Ronaldinho de Assis (1980) es un escritor, dramaturgo, poeta, ensayista y creador de eslogans microgestuales. Nació en Brasil y pronto se unió al movimiento de la Poesía JogoBonitista, junto a otros jóvenes como Adriano (que no fue famoso hasta su autobiografía trágica en dos partes: ”Beber no siempre es meter” y “Alchohol mi despedida eres tú, Gol”), tutelados por el célebre Ronaldo Lima (en su etapa poética antes de “Engordado, Lento y Ahumado: 9 sonetos sobre donuts”). Pronto adquirio su independencia yendo a vivir a París y fundando la corriente PostJogbonitista, que proponía una relectura escéptica y barthesiana a los movimientos de Ronaldo, ya inmerso en el revival del romanticismo tras su obra “El Mundial: Ocho paises en los que comer fenomenal”. Ronaldinho de Assis trasladó su movimiento PostJogobonitista pronto a Barcelona dónde tuvo una obra singular e incomprendida. Pronto encontró un discipulo como Kaká, mucho más conservador y cristiano, autor del libro de poesía “A dios rezando y a la portería chutando”, considerado por los críticos como de rima “relativamente fácil, pero de espiritu sólido” o el mucho peor Robinho, célebre por “Los Bicivoladores no siempre serán Vencedores”, comparada con autores del calibre de Jack Kerouac o William S. Burroughs.

 

Polémicas y divisiones.

 

Algunos rumores le ven fundando un nuevo movimiento y yéndose a vivir a Londres, pero lo cierto es que la obra de Ronaldinho en Barcelona está pasando por un momento de gran creatividad. El crítico y experto culinario Jorge Valdano ha dicho muchas veces que “Ronaldinho es en realidad un estudio sobre la semiótica, planteado como una forma de mímesis delibarada a la obra de Godard siempre en círculos concéntricos. En realidad no es que no haga nada, es que está llevando la nada a un terreno mayor que la nada, al de la Nadería Absoluta, lo que le acerca a los postulados más intensos de Heidegger”. Esta postura ha sido ampliamente rebatida por Johan Cruyff que ha asegurado que “En realidad Ronaldinho trata de parecerse a Truffaut de una forma literaria lo que es de una forma literal, y esto impide que su trabajo jogobonitista brille en su etapa postjogobonitista: lo que nos hace falta es una estructura seria tal y como las que usaba Virginia Woolf o Susan Sontag para darle un calibre moral a la intelectualidad latente en estre escritor”. El premio Nobel Holandés Cruyff siempre se ha visto rebatido por el bestseller italiano Fabio Capello que ha dicho que “no cabe duda que el PostJogobonitismo forma parte de una defensa clara y aguerrida del adn brasileño, lo que resulta una postura reaccionariamente romántica. Ronaldinho es el cronista de un corazón roto que todavía puede pegarse con un superglue llamado metafísica y autoconocimiento basado en métodos que mezclan la dialéctica y la epistemología de estar por casa, logrando resultados ampliamente sobrenaturales”.

 

Harold Bloom incluyó en su canon de Obras que no perderse, El gimnasio me da potasió de la que dijo que era: “una novela sincera y emocionante, con una línea de picaresca deudora de Mark Twain. Su protagonista debería llamarse Tom Sawyerinho”. 

 

Bibliografia

 

Etapa JogoBonitista:

 

-Marcar y Driblar: Un ensayo sobre el infinitivo como una forma de amar (2002)

 

Etapa PostJogobonitista

-Movemos las dos manos y quizá parezca que surfeamos: Una autobiografia de sombras y ejes Dickensianos (2004)

-Sea usted bienpensante y use desodorante (2005)

-Mil y una maravillas, y desde hace poco comiendo natillas: Acerca de Danone y otros asuntos metafísicos (2005)

-Sin mis asistencias, ya verás que lo de Camerún no son penitencias: Una novela para Samuel Eto’o (2006)

-El gimnasio me da potasio (2007)

-Fingir lesiones es una forma de hacer millones (finales de 2007, editado por SPORT EDITORES)

-Sin Joao, tan bien no he chutao: Poesías completas (2007)



Relato de un romance de verano
Septiembre 24, 2007, 4:22 pm
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por J. Tejedor

El nuevo Camp Nou ha sido presentado con motivo del 50 aniversario

Todos sabemos que el verano es una época agitada para el amor y las relaciones. Hay dos mitos latentes en ese aspecto. Como suele ocurrir, son dos argumentos antagónicos. Existe un ying, pero también un yang para las relaciones amorosas en verano. Siguiendo la lógica de los chistes malos, me tomaré la libertad de empezar por la mala versión.  

Cuentan las malas lenguas que el verano es una pésima época para las parejas: relaciones sólidas, consolidadas, fuertes y con un futuro latentemente feliz y seguro se rompen en ésta época. Hay descarados que afirman que es el exceso de tiempo de convivencia, que se ve sensiblemente aumentado, el que provoca desavenencias que desembocan en rupturas. Los más osados incluso afirman que normalmente hay terceras personas implicadas: el calor veraniego implica cuerpos más desnudos, y la piel al descubierto conlleva una mayor secreción de feromonas que se deslizan y son transportadas con mayor facilidad por el denso pero fluctuoso aire caliente.  

Y esta versión nos trae al lado opuesto del asunto. Corre otro mito que afirma que en verano fructifican con mayor asiduidad las relaciones. Suele tratarse de romances efímeros, normalmente con personas desconocidas y en numerosas ocasiones llegadas a nuestras costas catalanas con el fin de pasar un espléndido verano practicando el turismo de las tres “S”. La mayoría de estas relaciones terminan cuando el movimiento de translación de la tierra la ubica de nuevo lejos del calor del sol, vuelven las lluvias, el calor se desvanece y los veraneantes vuelven a sus países de origen. 

Si me permiten, hoy me gustaría hablarles de una de estas últimas relaciones. Calificado de libertino por algunas de mis amistades más próximas y sin complejos a la hora de romper los ridículos tabúes establecidos alrededor de la sexualidad, no se escandalicen si me excedo con los detalles en algún momento puntual en mi relato. Pueden pensar que es puro paganismo, pero les aseguro que simplemente pretendo explicar los acontecimientos tal y como los percibo desde mi humilde posición. 

La señora Arena tomó el avión rumbo a Barcelona dispuesta a pasar unos días de desconexión en la ciudad Condal. Durante su estancia, tenía planeado asistir a la fiesta que el ginecólogo Norman Foster había organizado en su estudio privado. Foster la recibió con una amplia sonrisa y enseguida le presentó al señor Agbar. “Allianz, éste es Torre”, la introdujo. La señora Allianz Arena en seguida se sintió atraída por la mirada penetrante de don Torre Agbar. Éste, asimismo, se sintió cautivado por la sonrisa de perlas blancas de Allianz. Entre risas estúpidas, conversaciones simples y copas de ponche y canapés, se fueron conociendo y su compenetración fue más allá de un primer flechazo.  

Se hizo muy tarde y el doctor Foster dio la fiesta por finalizada. Entonces don Agbar, como buen anfitrión de la ciudad, se ofreció a acompañar a la señora Arena a un hotel. Ella, en agradecimiento, le invitó a subir a su habitación a tomar la última copa. Torre accedió, y pasó lo inevitable. Allianz se rindió a los encantos de él, se fueron abrazando, besando por toda y cada una de las bigas de su estructura, hasta que el techo retráctil de Allianz se abrió y la cúpula dio paso a la cópula con la fálica estructura de Torre Agbar. Fue un romance de una noche de verano, donde el alcohol y las risas tuvieron mucho que ver, pero se encontraron con un embarazo inesperado. La señora Allianz tuvo que regresar a Alemania y el señor Agbar no podía hacerse cargo de ese embrión. 

Entonces el doctor Foster, sintiéndose responsable del asunto, llamó a su amigo F.C. Barcelona. Barça, como se le conoce familiarmente, había visto acrecentada de forma repentina su familia y buscaba una nueva casa, pues el viejo Camp Nou no bastaba para acoger a toda la familia. Tras unos meses de dubitación, finalmente se decidió a adoptar el proyecto que Foster le ofrecía. El mismo doctor se encargó de mandar las primeras ecografías al club que, entusiasmado, no tardó en presentar su proyecto en sociedad. 

En este proyecto inicial hemos podido observar básicamente que, estructuralmente, el niño saldrá a la madre. Es inevitable pensar en el Allianz Arena tras echar un primer vistazo a la maqueta. Pero con el añadido que ha heredado los colores de su padre, además del rasgo propio de contar también con el amarillo para completar el cromatismo de la senyera. Dicen los más críticos que hay demasiado blanco en el diseño de este estadio. Pero cabe no olvidar que el blanco es el color de la pureza, el color de los ángeles, el color que más hace brillar la luz y el color de la piel de Messi y, sobre todo, de Iniesta, los dos brujos que más iluminan actualmente el Templo de Magos del Barça y dos de los que más prometen brillar en los inicios de este nuevo coliseo blaugrana.  

Sinceramente, a mí el nuevo proyecto me gusta. Será impresionante contemplar a pie de estado los enormes tallos de vidrio con los colores de mi corazón. La gran iluminación mostrará al mundo entero que somos un club que brilla con luz propia y que desplegamos un juego que deslumbra a cualquiera. La grada cubierta alentará al público a acudir al estadio aunque llueva, y el techo retráctil transparente (otro elemento heredado de su germana madre) evitará nuevos choques en patatales, encuentros suspendidos por miedo a jugar al waterpolo y facilitará la conservación del césped ante el frío glacial del mes de enero y el calor sahariano del mes de agosto. 

También empiezan ya las quinielas sobre cómo debe llamarse el venidero. Muchos apuestan por ponerle el nombre de su antepasado más pretérito, Hans Gamper. Otras voces se han levantado en pro de llamarlo como a su abuelo de adopción, Nicolau Casaus. Sea como fuere, este estadio ha de culminar el rol del Barça en el mundo, más allá del fútbol: como entidad solidaria, como ejemplo de valores, como sentimiento de identidad… que podamos sentirnos orgullosos de poder afirmar con certeza que (a propósito de luces) Barça est lux mundi.



La poesía y los hechos
Septiembre 22, 2007, 3:05 am
Archivado en: Opinión, Popball

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La foto seleccionada por Sport:

Ronaldinho mira en la playa, en un sentido Crusoeiano, un navió perdido que lleva “Estrellato” en su proa.

Alvy Singer.
Quienes me conocen saben que soy muy amante del humor, indomable y feroz, y de la crítica, siempre tan disidente y verdadera, siempre cargada de razón. Algún día, cuando me siento a leer un diario deportivo me pregunto en dónde estará el periodismo. Pero les habla de cualquier diario deportivo. Todos ellos cambian su grado de sofisticación: pero en general el panfletarismo es lo que domina en este mundo. Si uno quiere ver criticas al Madrid debe irse a El País. La prensa deportiva es prensa empresarial, propagandística, y no hay hecho más irrefutable que éste: lean cada día cualquiera de sus diarios.

 

El escándalo Ronaldinho. El tratamiento en prensa es vergonzoso. Más que nada por cuestiones éticas: el periodismo se basa en hechos, en información. Sport ofrece hoy varias perlas en este artículo y, be careful, no estoy rompiendo una lanza en favor de Ronaldinho. Pero sí, en favor del periodismo que es el que investiga la verdad. O eso me parece. Y los diarios deportivos siguen teniendo su sección de Opinión, distinguida.

 

 

 

 

“LA SITUACIÓN DE RONALDINHO SE HACE CADA MÁS INSOSTENIBLE

Crisis abierta”

Busquen la información. Hay una crisis, sí. Efectivamente está en marcha, está abierta. Y es insostenible. La tendencia a la poética de la ficción de carácter folletinesco es encomiable: el antetitular parece un recuadro propio de en “el episodio hoy presentamos a nuestro héroe en peligro”. Es la misma retórica popular. Ah, información, eso es para miserables y exigentes. Y abajo del titular, antes de entrar al artículo en sí pueden leer “El Camp Nou celebra sus 50 años”. Ya lo cantaba Lesley Gore: It’s my party and I cry if I want to.

 

El artículo sigue:

“El periódico ‘La Vanguardia’ destapó el viernes la caja de los truenos en un artículo en el que explicaba lo que era un secreto a voces”

Atención a ese La caja de los truenos: De la poética hemos pasado a la mitología. Destaparon la caja de los truenos, destaparon la verdad, un secreto a voces. El registro popular se ciñe estrictamente a un lenguaje propio de un poema eminentemente poppy. Podría ser una canción de los Planetas: Abrimos la caja de los truenos / era un secreto voces / nuestro Ronaldinho trabaja menos / al aficionado le salen heces. Las canciones pop llevan siempre una música atrás.

 

“[...]la mala vida que lleva Ronaldinho, muy alejada de lo que debería ser un profesional del fútbol. Las fiestas nocturnas han pasado de ser una válvula de escape tras la tensión de los partidos a convertirse en una norma casi diaria.”

 

Ah, la mala vida. It’s the night life. Del pop hemos pasado a la literatura postmoderna: las fiestas son para aliviar tensiones pero es una adicción, una norma. La prensa deportiva y la ficción, again: no están describiendo los actos de una persona (Ronaldinho incumple el código disciplinario saliendo: estos son los hechos) sino que están creando a un personaje, con su propia psicología además (completamente especulatoria: lo peligroso es que se trata de una persona de verdad, pero la columna, ah, convierte en síntesis lo que es una simple y vulgar tesis).

 

 

“Cuando al final de la pasada temporada Laporta acusaba a varios componentes de la plantilla de falta de actitud y compromiso se refería, precisamente, a actuaciones como las del brasileño.”

Ah, las referencias. Lo que dijo el presidente y a lo que se refería. Las lecturas ocultas. Volvemos a entrar en el interesante y apasionante mundo de la opinión. La information para los maricas, nenes.

 

 

“No ha escogido las mejores compañías y va camino de convertirse en carne de ‘salsa rosa’. Ni siquiera los consejos de su entorno más próximo, tanto familiar como del mismo club, han podido redimirle. Y ahora se encuentra en la encrucijada que antes anunciábamos: o da un giro radical a su comportamiento o acabará en la grada.”

Sí es que con el cinismo del escribiente lo admiten: carne de “salsa rosa”. Para qué hablar de los hechos, bastante claros en este caso. De hecho es la historia de una estrella caída: su família no le pudo redimir. Y Ronaldinho debe decidir. Es el argumento de Ray, con un toque de pecado bíblico adaptado al fútbol: No harás vida nocturna. Acabarás en la grande. Dios bendiga el imperativo.

 

 

“Todos sabían que se corría el peligro de que la situación de Ronaldinho derivara en una crisis pública como en la que ahora se encuentra, pero se apostó por seguir creyendo en su capacidad futbolística y en su propósito de enmienda. Pero todo ha sido en vano.

En estos momentos, el principal objetivo de la directiva sigue siendo recuperar al Ronaldinho futbolista, pero todos entienden que va a ser muy difícil cambiar la dinámica. El club se ha puesto en manos de Rijkaard para que gestione la crisis bajo sus parámetros deportivos, aunque se hará un seguimiento muy exhaustivo de los acontecimientos. En general, existe el convencimiento de que la situación del brasileño es irreversible, [....]“

De este párrafo final me fascina el uso de Todos sabían, tan numeroso, tumultoso y escandaloso, ese pareado maravilloso que nos da una sensación de conocimiento ausente. Pero todo ha sido en vano. Insisto: estamos en la poética de Raphael o de Nino Bravo. En general (otra vez el Todos) e irreversible. Lo irreversible es algo que no es en general, es exacto. La generalización no habla de términos exactos…

 

 

“ya está empezando a cuestionarse seriamente, tanto dentro como fuera del club.”

Dentro y fuera. Los de fuera leen. Los de dentro saben que también cuestionan.  El problema del diario no es su denuncia, es lo tosco y opinativo de su texto, es el bello oxímoron de leer al lado opinión y arriba del artículo citado noticia. No sé cuando dispuso el diario de esta información pero no la hizo pública hace unas meses cuando entrevistó al jugador brasileño, en versión íntima y pleitesística. Se pide a los jugadores que sean consecuentes.: nosotros pedimos una prensa deportiva que lo sea también. Y aquí tenemos un caso de denuncia que puede parecer justa pero que dista de opinar, totalmente, para llevar a cabo su propósito: su propaganda negativa. Su opinión, en definitiva. El aficionado puede sentir cierto placer al verse satisfecho con su crítica: pero no es cierto, es la satisfacción del aficionado. Hablamos de satisfacciones. De mantener un target contento. De nuevo, la información, the facts, no tienen nada que ver en esto. Nunca lo tuvo.



Sólo le faltó Deco
Septiembre 21, 2007, 4:21 pm
Archivado en: A ojo de buen cubero, Entrenadores, Jugadores, Ligas Internacionales, Opinión, Premiere

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Por Alejandro Cubero

El impacto mediático que ha causado el cese/renúncia de Mourinho del banquillo del Chelsea ha provocado división de opiniones. Han brotado los análisis sobre su trayectoria en el mando del conjunto londinense y las posibles razones de su trágico (pero bien compensado) final.

 El mayor rompecabezas de Mou es que él siempre quiso algo que no pudo conseguir. La Champions ganada con el Porto se debió al tándem formado entre la habilidad estratégica de Mourinho y la mentalidad ganadora de Deco, que contagió al resto de sus compañeros. Él era el gran capitán, la espada de Mou, brazo ejecutor de su mentalidad tácticamente perfecta, lugarteniente de un equipo que con pocos recursos llegó a lo más alto. El jugador brasileño nacionalizado portugués no pudo hacer más para ganar el Balón de Oro, pero las altas esferas del fútbol mundial prefieren la estética al trabajo y sacrificio. Y Deco, entonces ya jugador del Barcelona, pasó de ser la referencia a uno más en un conjunto plagado de grandes jugadores. Pero no para Mou.

Él soñaba con su gran capitán, pero en lugar de eso tuvo que conformarse con Ballack o Shevchenko. Grandes jugadores, pero sin la mentalidad del portugués. Y ese creo que ha sido su estigma. Ha conseguido hacer del Chelsea uno de los mejores equipos del mundo, sino el más temido. Ha logrado hacer converger la práctica de un fútbol ofensivo y la rocosidad defensiva en todas sus líneas. Ha instaurado en el Chelsea, un club segundón en la Premier, una mentalidad ganadora y campeona. Y sus duelos contra el Barcelona han renovado la necesidad de todo equipo de tener un enemigo histórico, de forjar leyendas de tambores de guerra. De él dicen que no ha sabido aprovechar todo el potencial del presupuesto ilimitado de ese Piterman refinado que posee el Chelsea. Yo creo que al contrario. Lo fácil hubiera sido fichar grandes nombres, pero él ha ido más allá, con jugadores que él ha hecho grandes. Mikel, Essien, Joe Cole, Terry, Cech, Drogba y Gudjohnsen, entre otros, siempre deberán agradecer la oportunidad que les dieron de pasar a la historia. Buenos jugadores que encontraron la oportunidad de hacerse grandes.

Pero faltó la brújula. El barco tenía todo para ser invencible, pero sin Norte se siente desorientado, frágil, perdido. Es muy fácil arrollar en las costas inglesas de la Premier, pero una vez te acercas a las aguas continentales, las caravelas españolas, los buques italianos y el resto de la pesada flota europea pueden hundirte de un cañonazo (llámese Ronaldinho). Y para su pesar, Deco dirigía otro timón. Mourinho siempre soñó con Deco para su Chelsea multiétnico y poco inglés. Pero el problema es que el sueño del propietario/caudillo ruso se llamaba Andrei, y éste nunca se adaptó (ni creo que lo haga) al equipo inglés y a su fútbol en general.

“The Special”, como es conocido Mourinho en Stamford Bridge, siempre será recordado por devolver, o mejor dicho, colocar, al Chelsea entre los grandes. Por un momento sintieron la eufórica ommipotencia de la victoria, pero siempre le faltó algo. Y no es la Liga de Campeones, sino la llave para conseguirla. La brújula. Sólo le faltó Deco.



Las razones de Mou
Septiembre 21, 2007, 1:51 pm
Archivado en: Opinión, Popball

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Alvy Singer.
Jose Mourinho se fue del Chelsea y asi se acaba la época de glamour, de gloria, del club más bello y artificioso de la historia. Pronto caerán Lampard, Terry y al final Abravomich. O al menos eso parece: este entrenador supo entablar una relación de respeto-honor completamente jerarquizada y será díficil sustutuirle. Ah, olvidó a Sheva, imposición del presidente y se enfrentó a él por ello. Pudo más la Madre Rusia, que no el Dios del fútbol, si nos ponemos teóricos.

Hay algo especialmente incomprendido en Mou: que muchos aficionados atribuyan las razones de su éxito al presupuesto del Chelsea y que le culpen de no ganar la Champions. Es injusto: Mourinho creó un bloque a partir de grandes jugadores (y no es muy fácil), con un fútbol y un estilo muy definidios. Y la Champions ¡la ganó con el Oporto! Más mérito aún: Mourinho (y el subcomandamente Deco) supo ganar sin presupuestos que valgan.

Mourinho fue tan grande que el aficionado azulgrana, como cualquier otro aficionado, ni se enteró. Lógico: fue él quien les hizo gritar. El portugués era muy consciente de que las reglas del espectáculo en el siglo XXI se rigen por las reglas del marketing: con su célebre provocación de Barcelona y los teatros, estaba haciendo historia. Era el entrenador, símbolo de un equipo, que hacía que la rivalidad estallara al máximo y así el mejor espectáculo. El público gritó (y con razón) a la (simulada) prepotencia de Mou: “Vete al teatro”. En realidad el portugués sonreía: había creado aquella que quería y es uno de los partidos más espectaculares de la historia del fútbol reciente. La victoria, bajo códigos eminentemente baudrillardianos, volvía a tener un sentido. Toda la impostura de Mou no fue porqué creyera realmente que iban a ganar (lo dudo mucho: el entrenador tiene mucho respeto por los equipos grandes y quería una motivación máxima), sino para crear un aura irrepetible en el aire del Camp Nou. Y ocurrió.

Ya veremos por donde transita este entrenador perfecto: glamouroso, polémico y exageradamente estratega, capaz de lo mejor y de lo superior. Lo que está claro es que el Chelsea como equipo artificial se empieza a deshinchar lentamente sin una de sus piezas clave. O parafreseando al genio, sin sus huevos, la tortilla del Chelsea ya no tendrá tan buen sabor. Y la prensa ya le echa de menos: lógico, él le dio sense of wonder a un deporte como el fútbol, que en sus últimos tiempos parece ser un interludio de momentos de celebración en un lago de tiempos muertos.



La importancia de perder
Septiembre 18, 2007, 9:54 pm
Archivado en: Basket, Más allá del futbolín, Opinión

Calderón

Por Sergio Morales.

No entiendan esto como noticia, sino como memorandum o una reflexión: la España de Pau y Pepu perdió el pasado domingo la final del Europeo de Baloncesto contra la Rusia de Andrei Kirilenko. Y estoy contento, es una gran noticia. No me arranquen todavía la cabeza, dejen que les explique.

La actual selección española de baloncesto es un equipo increible. Juegan a un ritmo endiablado, conocen los puntos débiles de los rivales y saben como meter el dedo en la herida. Tienen una serie de jugadores que, a nivel individual, pueden ganar una final (Navarro, Gasol, Calde, Garbajosa, Rudy – y sigan contando). “Lo bueno de España es que cualquier jugador puede reventar el partido”, Iturriaga dixit. Y no es mentira. No olvidemos la filosofía ofensiva de Pepu: cambios rápidos y continuos para evitar el cansancio (pocas veces veran en España a Pau jugando 30 minutos seguidos y muchas veran en Francia a Tony Parker hacerlo).

¿Qué más? Juventud: cuando el número de jugadores con más de 25 años de una selección campeona del mundo (casi) se puede contar con UNA mano, significa que hay selección para rato. Más alicientes: jugadores NBA. Tenemos un Gasol Superstar. Tenemos a un sophomore aventajado (Jorge). Tenemos un base resolutivo e inteligente (Calderón, infravalorado en Toronto en beneficio de T.J. Ford). Tenemos otro base que puede convertirse en un Jason Williams acelerado (Sergio “Chocolate Blanco” Rodríguez). Y tenemos una bomba (Navarro). ¡Joder! No sé porque le doy tantas vueltas: tenemos un equipazo que podría hacer sombra y vencer a cualquier equipo de cualquier época (a excepción, claro está, del Dream Team del 92 – ¿o no?). Y no olviden la cantera (Rubio, Texenery García, Víctor Claver…)

Pues bien, después de aburrirles con este elogio a la selección nacional, explicaré el porqué de mi alegria ante la derrota. España es, sin duda y con mucha diferencia, la mejor selección del mundo (mejor que Estados Unidos, un corral de gallos con ganas de fornicar con una gallina llamada Pelota; mejor que Argentina y Grecia, las versiones basquetboleras de Argentina (¡ja!) y Italia de fútbol). Esta superioridad aplastante y humilladora sólo podía conllevar una cosa: la soberbia. Una cosa es ser Dios y otra cosa es creerse Dios; una cosa es ser buenos y otra es creerse buenos. La sensación de un servidor sobre la selección y sus cercanías (entiéndase público y periodistas) es que han estado a punto de creérselo, pero hay ha estado mi amigo Kirilenko para decir: “¡Ei, capullos! (con cariño lo dice; él es muy así), sois los mejores y por eso todo el mundo va a por vosotros, os tenemos ganas y vamos a dar la sangre para humillaros”. Bueno, quizás no dice eso, pero la idea está clara.

Perder esa final es lo mejor que le ha podido pasar a España (pero si hubiéran ganado, no hubiera estado mal, ¿no?). Ahora han vuelto a la realidad, han bajado de la nube. Esto les ayudará a trabajar mucho más duro, a estudiar mucho más a sus rivales, a no bajar la guardia y a convertirse en un rival mucho más duro de roer de lo que ha sido nunca. Si antes eran buenos, ahora son buenos y estan cabreados, con hambre de títulos y de hundir hasta a un equipo All-Star (aunque, en vista de los últimos All-Star Games, realmente eso no sería muy difícil…).



Un recorrido por la Champions
Septiembre 18, 2007, 3:14 pm
Archivado en: Barça, Champions, La verdad está ahí fuera, Ligas Internacionales, Opinión

Por Sergi Falcó

 

Hoy el balón rodará, por fin, observado por la orejona. ¡Y bien que rodará! Un Madrid en racha se enfrenta a un Bremen tocado, siempre duro pero por el que hoy no apostaría. Si aprecian la táctica y el juego desde banquillos, tampoco se pierdan el Porto – Liverpool, con el maestro Benítez impartiendo clases de cómo dosificarse en Europa, en frente de los portugueses, que tienen el oficio y la tradición de un Milan pero el lastre de jugar habitualmente con Os Beleneses y demás equipos de quinta fila. Lo mismo le ocurrirá al Benfica de Camacho. El murciano no llega al nivel estratégico de Benítez, pero es especialista en darle aire fresco al juego de sus equipos. Además, los pocos pilares que le quedan al Benfica dentro del campo pueden mezclar los conocimientos de Camacho con los de anteriores místers del más alto nivel: Koeman, ‘Trap’, etc. El Milan, por su parte, es envidiable. Todos saben a lo que juegan, son pacientes, expertos y tienen esa ’self-confidence’, esa autoestima que les hace capaces de ganar hasta al Sevilla.

Súper Sevilla contra ‘Cesc Pistols’

 Para mí, el Sevilla es el equipo que, en los últimos meses, mejor ha jugado en todo el continente. Pese a ser doble campeón de UEFA, aún es un aspirante a todo, en Liga y Champions, y eso juega en su favor. Quiero decir que ningún grande, por prestigio, se le cerrará atrás, y en Liga nadie le tiene el miedo que se le tiene al Barça. Pero no hay que quitarle mérito al trabajo de los andaluces. Hoy dice el mejor lateral derecho de la actualidad, Daniel Alves, que no hay muchos partidos de mejor ver que el que les enfrentará a los Gunners. Le doy toda la razón: da lo mismo Keita que Poulsen, Drago que Fazio, Maresca que Renato o Duda que Capel -qué pedazo de crack va a ser éste con un poco de suerte-; y hasta Kanouté parece más desequilibrante que el mismísimo Henry.

El Arsenal es mi debilidad. Cómo me alegro de que sean líderes de la espectacular Premier -prometo un post que trate íntegramente el fútbol inglés-, por encima del férreo Chelsea, del poderoso Manchester o del calculador Liverpool. Además, los antiguos pesos pesados del equipo lo fueron abandonando, bien por interés personal, bien por decepción con la ‘ambición de Wenger’. “Chúpate esa, Freddie”, debe estar pensando el artesano frencés -Ljungberg acusó al entrenador que lo vio crecer como futbolista de no ser un ganador-. Y es que, si el Sevilla se lo debe todo a Monchi y a Caparrós -con el permiso de Juande Ramos, que ha sabido continuar la faena-, el Arsenal ha visto su mejor fútbol con Arsène Wenger: el ocaso de Wright, la madurez de Bergkamp, la explosión de Anelka y las carreras de los tres fantásticos -Pirès, Vieira y Henry- cobraron un sentido gracias al trabajo de este entrenador. El papel que les otorgó en el equipo y la confianza que les dio han hecho de los Gunners la mejor escuela de fútbol de primer nivel.

Pero hoy ya nadie creía en ellos, hasta equipos inferiores como Tottenham o West Ham les acusaban de haber bajado un peldaño su calidad, de haber perdido la grandeza por tanta crianza de jóvenes perlas. Pues de nuevo, se han tenido que callar, sobretodo gracias a un jugador: Cesc Fábregas. Qué bueno es. Buenísimo, y me parece una injusticia que ningún niño español pueda ver sus partidos cada semana y decir: éste es mi ídolo. En la Premier, Cesc lleva tres años rindiendo a un nivel altísimo, y en el pasado campeonato fue escogido -junto a Arteta, otro olvidado de Aragonés y del aficionado español- como uno de los cinco mejores jugadores del campeonato local. Este curso viene siendo algo así como el Sneijder de la Premier: es medio pero cada semana mete goles y le da la victoria a su equipo. Pero Cesc es mejor que Sneijder -excepto a balón parado-. Cuando juega con su equipo, Cesc es -me atrevo a decirlo- el mejor centrocampista del mundo a día de hoy. Con la selección es otra cosa…en fin, ese equipo no se merece que hablen de él.

 Cesc Pistols, como lo conocen ya en Londres, tiene, además, una buena y joven compañía. Robin Van Persie -RVP o como dice Montes, Mr.Persianas- es un pedazo de artista, uno de esos rebeldes del fútbol que suele captar Wenger, su nuevo, joven e inexperto -pero más incisivo- Bergkamp. Kanu también tiene heredero, el trabajador Emmanuel Adebayor; y con Pires, más de lo mismo. Rosicky es ahora el que da los pases y el que pone la elegancia. Ljungberg quizás se ha ido porque el bieloruso Hleb corría más que él y daba más miedo al rival. En defensa, Adams, Campbell y compañía dejaron el listón bien alto, pero Sagna, Senderos, Touré, Eboué o Gallas dan mucha seguridad. Por lo demás, nadie defiende tan bien como Vieira en la medular, nadie define como Ian Wright ni nadie domina el juego como ‘Titi’ Henry; pero Cesc tiene el dorsal y los galones del primero, el carácter ganador del segundo y ya hasta celebra los goles como el actual crack azulgrana. Sin duda, mañana nos espera un partidazo en Londres.

Y Barça – Lyon, qué espectáculo

Al Barça le esperan dos partidazos esta semana. Es decir, en siete días podemos estar igual que hoy -con críticas por todas partes pero algo de esperanza-, hundidos o bien por las nubes. El primero es el debut en la máxima competición europea ante el gran campeón francés, el Olympique de Lyon. Analizaré primero a los franceses, que de los azulgranas hay tanto que hablar que me perdería. El Lyon volverá a ganar la liga, digo yo. Sí, sí, aunque empezara mal, ya está muy arriba y no tardará en irse de sus perseguidores en la Ligue 1.

 Año tras año, el Lyon pierde efectivos, pero nunca ve mermado su juego. Edmílson, Essien, Diarra, Carew, Malouda y Abidal han llegado a ser piezas clave y ya no están, pero el equipo se recupera. El inicio de este curso dio el primer susto al Olympique, que veía como su banda izquierda se había debilitado enormemente -Grosso no es ni será una décima parte de lo que Abidal ha llegado a ser, y Malouda tampoco tiene sustituto en Keita, almenos de momento-. Además, Baros nunca acabó de explotar y el juego de los franceses dependía en demasía de un centro del campo con tres clones: Juninho, Kallstrom, Bodmer y Toulalan. Los cuatro la tocan y distribuyen, y sólo tienen mínimas diferencias en el juego a balón parado, donde Toulalan no está al nivel de los otros demás y en defensa, donde pasa lo contrario. La solución fue algo nuevo que pocos se esperaban. Jóvenes todavía, muy jóvenes, explotaban Karim Benzema y Hatem Ben Arfa. Estos dos jóvenes delanteros le han dado un lavado de cara al ataque de los galos y ya levantan pasiones. Benzema es un tanque demasiado inteligente, algo así como un Trezeguet más potente. Sólo es cuestión de tiempo que le supere en muchas facetas del juego. Ben Arfa es más bien un jugón, un tipo que arrastra a defensas y arriesga en ataque, esperemos que no pierda ese descaro.

 El Barcelona no está tan mal como dicen, pero tiene un problema muy difícil de superar desde la final de París. El problema es que todo el mundo lo toma como modelo, lo ve como el equipo perfecto. La prensa, el entorno y el aficionado, por tanto, presionan para que sea así; pero el Barcelona, como todos los equipos de la historia, no es la escuadra perfecta. Y esa es la base de todos los detalles criticables del Barça, el resto es puta especulación, como todo el texto que sigue a esta línea.

Me explico -y el Lyon me va muy bien para explicar esto-: los azulgranas tienen defectos, como todos. El comienzo de la temporada del Barça ha sido, de hecho, como lo vivieron en Lyon. El primer obstáculo en cada partido es el autobús que ponen los rivales en el área. Contra Osasuna vi un hecho histórico, raro como un perro verde: era Pandiani, que defendía. Al Lyon le pasó lo mismo pero le perdieron el respeto demasiado rápido. Con el Barça eso no pasará porque siempre hay grandes nombres sobre el campo. La solución del Lyon, los jóvenes: ¡qué casualidad! Benzema y Ben Arfa; Giovani y Bojan. Cosas de la vida, aunque no creo que se les deba forzar tanto a los canteranos culés como se ha hecho con los franceses, que cuentan con más años de experiencia.

Qué más, que más…por ejemplo, el problema del que hablaba en la medular del Olympique. Cuatro cromos iguales, me suena mucho. Deco la toca, Xavi la toca, Iniesta la toca, Touré la toca. Vale, el africano es distinto, más lento, más alto, a ratos más defensivo y con un cañón. Pero son un estilo de jugador parecido, con lo que es fácil confundir papeles. ¿Quién debe construir el ataque? A veces parece que todos esperen que lo haga otro. Tenemos el centro del campo con más calidad del mundo, pero nadie conoce su papel. En el Sevilla, Poulsen y Keita la roban, Duda las pone, Navas y Alves salen disparados por las bandas y Maresca y Renato entran desde la segunda línea. Cada uno tiene un rol específico -y espíritu de sacrificio, que algunos, aunque pocos, del Barcelona se lo dejan en casa-. En el Arsenal, Gilberto las roba, Rosicky reparte, Hleb corre y Cesc lidera y entra a definir. Incluso el Madrid adquiere un orden. Diarra, quieto en el círculo central, la roba y la suelta; Robinho desequilibra; Drenthe se desgasta; Sneijder reparte y clava las faltas y Guti da el último pase.

También me servirá comparar con los gunners. Mientras buscaba información sobre el Arsenal, he visto que varios blogs de supporters de los de Wegner coincidían en la clave del buen juego de su equipo. La marcha de Henry. En realidad, el Arsenal lleva ya unos seis meses sin Henry, y los jugadores demuestran que nadie es imprescindible en este mundo. Lo que argumentan los aficionados es que, poco a poco, el resto de jugadores han perdido ese vicio de jugar para el crack. Cesc ya dijo en una entrevista que, al principio, siempre buscaba a ‘Titi’ para darle el pase, y que él mismo le enseñó a quitarse esa manía. Hleb, por el esquema de juego del Arsenal a veces se topaba con un Henry caído a la banda que le obligaba a marcharse al centro, de modo que aprendió a cambiar de opción sobre la marcha. Ahora, sin él, Cesc la pasa a quien mejor colocado está, porque el crack es él, y Hleb está acostumbrado a variar de jugada constantemente, ya no busca sólo la banda. En el Barça, sin embargo, ¿quién es el crack? Yo digo que hoy, el que marca el esquema de juego culé es Ronaldinho. Sin él, el ataque de tres, encajonados, cambiaría con casi total seguridad, y todos se buscarían un modo de evolucionar otras facetas del juego. No digo que se tenga que vender a Ronaldinho, porque es el jugador más decisivo del Camp Nou, pero si las cosas se tuercen, habría que hacer una reflexión. Quizás toque cambiar de estilo, y el problema que hay ahí es que, si se fuera Ronaldinho, muy probablemente los mismos jugadores harían recaer el peso del juego en otro atacante, llámese Deco, Eto’o, Messi o Henry. ¿Qué hacer? No lo sé ni entraré a discutirlo, aunque lo mejor sería aprender a vivir con ello y usarlo en nuestro favor, que también se puede.

Cambio de tema. Alain Perrin parecía, como Rijkaard, un entrenador con ideas ofensivas y sentido común, pero pronto le empezaron a cuestionar su incapacidad para resolver problemas de estrategia. Al holandés, al que supuestamente Laporta ha dado un ultimátum, le ocurre lo mismo por muchos motivos: es difícil resolver  estrategias de ataque ante defensas de ocho, tiene demasiados cracks, mucha presión mediática, etc. Al final, Perrin se salió con la suya a base de confianza. El Lyon afrontó un par de partidos complicados y los ganó; y ahora, de momento, todo es coser y cantar. Así va el fútbol, a rachas. El Barça no será una excepción y los resultados se habrán vuelto óptimos en caso de ganar dos encuentros dificilísimos como el de Champions y el del sábado ante el gran Sevilla -la clave es trabajar la defensa y contra los grandes, el ataque saldrá solo-.

Ya acabo, estos problemas no son significativos, no pierden partidos. La desgana y la falta de trabajo sí lo hacen, pero sobretodo se ha de achacar a la presión de ser ‘el equipo perfecto’ y al modo de encarar los partidos de los rivales, que llevan tres años estudiando cómo parar al F.C.Barcelona y ya saben hacerlo. Dos empates a cero son lamentables, sí, pero eso mismo no puede suponer el fin de un Barça triunfal, y espero que en Champions se empiece a demostrar. Mientras tanto, ¡que siga el espectáculo!