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Por Sergi Falcó
*Si el vídeo no se les ve, visiten esta URL, que tan amablemente nos cede airfutbol. Nuri Sahin, el futuro crack turco: http://www.youtube.com/watch?v=m9D_CbnRLzI
A estas alturas de la temporada, muchos apostaríamos decididamente por el Bayern de Munich como campeón de la Bundesliga. No es para menos. Tras unas jornadas, el gigante que preside el gran Beckenbauer arrasa con todo a su paso por las canchas teutonas. Como si la fiebre inglesa del fútbol de los nombres le hubiera afectado también a ellos, los de Baviera se han reforzado, a base de talonario, como pocos. Toni, Ribery y Klose son los nuevos buques insignia de un conjunto, este año sí, realmente fuerte.
A recuperar el crédito perdido
Rummenigge y Beckenbauer, dos históricos del fútbol alemán, se dieron cuenta que ya no se podía seguir con los experimentos al final de la anterior temporada, donde el Bayern hizo un ridículo no tan espantoso por la posición que ocupó (4ª), sino por el juego desplegado, que fue algo más que pobre. Jugadorazos de la casa como Lahm, Swenchsteiger, Podoslki –que decepcionó muchísimo- o Lell no podían asumir, por su juventud, las riendas de un equipo que, por otra parte, parecía más un cementerio de elefantes que una escuadra campeona. Kahn, Makaay, Santa Cruz o Scholl ya no estaban al mismo ritmo que el resto de jugadores, y ofensivamente sólo se salvavan Pizarro y…¡Lúcio! Con un central como segundo hombre más peligroso de un equipo no se podía optar a nada.
Con esa situación, el cuerpo directivo no dudó en barrer a fondo la casa. Scholl, el más señor de todos, decidió retirarse; Salihamidzic ya lo tenía todo hecho con la Juve desde Navidad; Makaay había expresado su deseó de marcharse, y Santa Cruz tres cuartos de lo mismo. Así las cosas, sólo queda un carcamal en el equipo: el otrora campeonísmo Oliver Kahn, que hoy sobraría de no ser porque sus suplentes parecen no saber lo que es atajar un balón. Además, Pizarro, una de las referencias del equipo, decidió aprovechar el tren de su vida. El todopoderoso Chelsea de Mourinho le esperaba para hacerle la competencia a Shevchenko o Drogba. Podía aceptar seguir siendo el crack de un equipo perdedor –y seguir siendo humillado e increpado por los aficionados, que lo culpaban injustamente de la falta de gol de su equipo- o irse a competir de verdad a un gigante de la magnífica Premier League. Tomó una sabia decisión, y dejó al Bayern en la estacada.
Y bendito dinero, que permitió la metamorfosis del Munich. Con gran rapidez, Ribery y Luca Toni fueron contratados. Sin Pizarro ni Makaay, Toni será el rematador; Ribery, la mayor apuesta por el cambio de estilo. Se buscaba a un nuevo Ballack, a un castillo hecho hombre, pero trajeron al malabarista francés. Eso sí, garra no le falta. El equipo bávaro había bombardeado el mercado antes que nadie, y media Europa no tuvo más remedio que aplaudir esta vez la estrategia de Beckenbauer. El espectáculo estará servido, también en la UEFA.
Devorando Alemania, como siempre
Pero el afán por reforzar el equipo no quedó ahí. Como cada verano, el Bayern buscó en lo mejorcito de su país, y prácticamente se llevó todo lo que necesitaba. El primer gran objetivo: Miroslav Klose. Tras un par de reuniones secretas y la pataleta de Perder Bremen, el gigante alemán se llevó al estandarte verdiblanco. La tripleta atacante, con Klose, Toni y Podolski, ya estaba definida. Éste último, tan letal con la zurda como torpe con la diestra, apunta a la suplencia. Por detrás, ‘Scarface’ Ribery. Se reforzó la defensa con Marcell Jansen, un espectacular lateral izquierdo de 1,90, que ha hecho ponerse las pilas al genial Phillip Lahm. Pero aún faltaba algo en el once teutón: seguían teniendo ‘mono’ de Ballack.
Ante la posibilidad de hacer un cambio de tendencia total y añadir a otro ‘jugón’ en la media punta, Beckenbauer no estuvo tan valiente. Así, el club no lanzó sus redes sobre estrellas como Diego, Van der Vaart o el punta Mario Gómez, sino que prefirió un hombre fuerte, un 4X4. Tenían a Van Bommel, que siempre cumple –como hizo en el PSV y, a pesar de las críticas, en el F.C.Barcelona-, se habían agenciado a Sosa, una joven promesa con juego de fantasía, pero querían algo más, con ambición.
El nuevo Ballack
Miraron a un equipo que siempre ha formado a grandes jugadores. El Schalke 04 disponía de potentes futbolistas, entre los que destacaban dos: Lincoln y Hamit Altintop. El primero, brasileño nacionalizado alemán, más de la escuela de Andreas Möller, prefirió marcharse a otro país, mientras al germano-turco se le abrieron las puertas del cielo.
Hamit Altintop, fortísimo jugador de 25 años nacido en Alemania pero de padres turcos, solventó rápidamente su pase para formar parte del ilusionante proyecto del Bayern. Para mí, él es el Ballack de este equipo, aunque nunca se le reconocerá ese mérito. Primero, porque lo es a pequeña escala -no es tan decisivo como él-; y segundo, porque no tiene ese gancho mediático –es turco, cosa que a la prensa alemana parece no gustarle a la hora de valorar el fútbol de sus compatriotas-. Ambidiestro, empezó su carrera jugando de libre, y cuando un ojeador del Schalke lo vio, llamó al entrenador del club: “Decidle a Olaf Thon que ya se puede retirar tranquilo, tenemos a su sucesor”.
En Alemania, los mejores jugadores han ido saliendo a imagen y semejanza del gran ‘Kaiser’, y los Brehme, Thon, Matthaus, Sammer, Effenberg –éste de muy pequeño- o Ballack empezaron su carrera en la posición de líbero. Por exigencias del a veces mal llamado ‘fútbol espectáculo’, casi todos estos jugadores acabaron avanzando su lugar en el terreno de juego a la medular, convirtiéndose la mayoría en pivotes defensivos u organizadores. En los últimos casos, los de Effenberg y Ballack, las dos últimas grandes estrellas del fútbol alemán, acabaron en la media punta y se les exigía creación y pase, pero sobre todo pegada y gol.
Hamit Altintop no ha sido una excepción. Al ver el cañón de su pierna derecha y su buena visión de juego, sus técnicos decidieron irlo adelantando. De líbero a pivote defensivo, de defensivo a volante, de volante a mediapunta. Ahí suele quedar la cosa en estos casos. Pero Hamit, en una temporada atípica para él, demostró que está hecho de otra pasta. En su primer año en Schalke, a alguien se le ocurrió que probara como segundo punta, y tras seis jornadas en esa posición había conseguido cinco goles. Tras unos partidos, el lateral derecho se lesionó, y Altintop tuvo que llegar a actuar en esa posición en algún que otro partido.
Calidad turca
En Alemania siempre han gozado de la mejor calidad de la Europa del Este, Nigeria y Turquía. Desde Okocha, pasando por Balakov y llegando a Yldiray Bastürk, todos dejaron su sello de calidad en equipos alemanes. Hoy, Altintop, con el 8 a la espalda, es uno de los ídolos de la afición bávara, por encima de Kahn o Toni. Pero fíjense, para mí, no es el mejor turco de la actualidad.
El mejor se ha marchado recientemente de Alemania a Holanda. Se llama Nuri Sahin y dejó durante tres años en Dortmund como un segundón a Sebastian Kehl, otro de los candidatos a suceder a Ballack en la selección. Como Altintop, es ambidiestro, pero maneja mejor la zurda. Como Altintop, nació ya en Alemania y juega con Turquía -Emre Belozoglu ya se puede ir retirando de la selección-. Como él, es fuerte, pero éste es bajito. La diferencia es que el próximo día 5 de septiembre cumplirá 19 años y que debutó en el Borrussia –de líbero y de la mano de Mathias Sammer- con sólo 16, todo un récord en la Bundesliga.
Se acaba de ir al Feyenoord holandés –que se ha montado un magnífico equipo para asaltar el trono del PSV en le Eredivise- tras heredar la manija del centro del campo alemán hace un año, tras la marcha de Rosicky. También ha adelantado su posición y hoy juega como los Xavi, Pirlo, o a veces más adelantado, como Cesc. Para acabar, sólo un dato: Arsène Wegner, el artesano de Londres, dijo hace un par de años en una entrevista que le parecía el mejor jugador Sub-20 del Europa. Recordemos que por aquel entonces Cesc ya era el niño de sus ojos y tenía 17 años. Ahí lo dejamos, vean el vídeo.
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Por Sergi Falcó

“Al fútbol, a sufrir, que así se olvidan de comer”
Un buen día, desde los despachos del Manzanares, alguien decide cambiar el himno de ‘su’ Atleti. Por hacerlo más acorde a sus “características de club”, dice, encarga a don Joaquín Sabina que componga una cancioncilla. Los ancianos la cantan a la vez que sufren con El Niño y sus compañeros. El Atlético es el ‘equipo del pueblo’ en España. Incluso se dice que el rey es del Atlético de Madrid.
Sin excepción, todo país tiene un equipo que se identifica más con las clases sufridoras. Bueno, con una excepción: Italia. Allí, hasta el todopoderoso AC Milan se convierte en el equipo familiar, patriótico y, por ello, modélico. Desde mediados de los ochenta, con el surgimiento del mejor Nápoles de la historia –el de Maradona-, el mágico ‘Toro’ de Lentini o la no menos vistosa Sampdoria –la de Gullit-, los “outsiders a la italiana” están de moda.
Italia: Samp, Nápoles, Torino…
Ahora bien, como decíamos, la Sampdoria tenía a Gullit; el Nápoles, a Maradona. Me refiero a la falsedad que supone el hecho de cualificarlos como los equipos guerreros, aguerrido, etc. No eran los héroes que se quieren hacer recordar; eran equipazos reforzados a base de talonario. Como todos. Es cierto que siempre había un Vierchwood, un Lombardo, un Vialli o un Francini que ponían en pie el estadio al recuperar tres balones seguidos o perseguir a un rival por toda la banda, pero ahí estaba la clase del holandés y el talento de la zurda de oro.
Hoy en día, ambas escuadras disponen de algún luchador candidato a ser el Gattuso del futuro pero, visto lo visto, no muchos serán los éxitos que estos jugadores les garanticen. Una ‘Samp’ semirrecuperada lucha, -sin ’Mr.Dreamgoal’ Quagliarella pero con “Il Tallentino” Cassano, ídolo del viejo Bari- por volver a estar entre los 6 grandes en Italia mientras los napolitanos, siempre rodeados de una aura divina que perdura desde tiempos del Pelusa, siguen venerando a los hermanos Cannavaro –y perdiendo en la Serie A- en vez de buscar a su nuevo Zola. El siempre carismático Torino parece tener un único objetivo desde hace años: jugar un derbi contra la Juve –y ganarlo, claro-. Por fin, la cita está asegurada esta temporada. Otra cosa es la victoria. Para conseguirla, se disputa con el Nápoles –qué casualidad- a Recoba, un artista charrúa de carácter difícil en declive, de rendimiento irregular pero de genial conexión con las masas. Como Cassano.
La clave es esa, que las masas se identifiquen. El Inter se construye alrededor del pretoriano Materazzi; el alma del Milan es Gattuso, el ‘fascio’ Lazio quiere resurgir con Rocchi –su nuevo Di Canio-; una Fiorentina podrida acoge al abuelo Vieri. Sin embargo, siempre hay excepciones: Roma y Juventus, con más clase desde Platini y Giannini, se resisten a perder sus estandartes, que son italianos, sí, pero ante todo un par de genios: Totti y Del Piero.
Del orgullo al catenaccio
Por lo demás, el fenómeno del equipo proletario ha derivado allí en algo mucho peor: el capellismo –en los banquillos- y el materazzismo –en la cancha-. Lo que mola ahora en Italia es robar balones y chillar, dar entradas por detrás y mirar con chulería al rival o a las gradas. El genial sistema del líbero, que tanto dio al fútbol con Scirea, Baresi, Blanc o Krol –este último con el Nápoles hace ya mucho tiempo-, se ha transformado en líneas de cuatro o cinco con un par de pivotes defensivos. Los centrales, nunca a más de quince metros del portero –el único libre del Calcio al que no suspendería en los últimos años es Couto. Imagínense como esta la cosa.
Recoba, Cassano, Gattuso, Materazzi, Rocchi, Di Canio e incluso Maradona; todos son futbolistas que, de un modo u otro, enganchan a la afición. Unos, por su mal genio; otros, por su excentricidad; otros, por su garra. Los hay más y menos vistosos, mejores y peores, pero el club siempre los acaba utilizando como elemento mediático. Y eso es lo que destroza el fútbol. ¿Saben quién es el Alonso, Nadal o Gasol de turno en la publicidad italiana? Gennaro ‘Rhino’ Gattuso. Se sorprenderían con la relación que guardan las técnicas publicitarias y toda la parafernalia del espectáculo con lo que al final se ve en el campo. En Italia han escogido ese camino.
¿Qué está pasando?
Pero bueno, la cosa les va bien. El fútbol italiano sigue convulso por escándalos de corrupción y amaño, las mafias se sientan en los palcos y ‘sacchiales’ se lamentan de la fuga de talentos –ojo con Giussepe Rossi y Rolando Bianchi-, pero…¿Quién ganó el pasado Mundial? Ellos, y eso no se lo quita nadie.
Lo grave es que están tan orgullosos como los miembros de la odisea griega en la Eurocopa o el antibrasil de la última Copa América. O Liverpool y Milan, flamantes finalistas de la última edición de la Champions. Ay, amigos, al final habrá que aprender de Dunga y de Capello, o buscar el espíritu de Juanito. O admitir que Raúl ha resucitado. Rudeza, rudeza, futbolistas trabajadores, que llevan a la victoria. Y todos tan contentos.
Del dinero de Cerezo y del Rey
Olvidémonos del peor catenaccio y volvamos, para finalizar, al fútbol de la ‘prole’, con una película que se montó un buen amigo colchonero. Era algo así como… que va el rey y dice “Sofi, Sofi, prepara los bocatas de chistorra que hoy vamos a ver a mi Atleti al Calderón. Si es que respiro fútbol, mujer, me siento uno más… ¡Hoy Remontamos a los alemanes y nos colamos en la final de la UEFA!” No sé de qué se ríen, igual hasta es verdad. Y a golpe de talonario –también con Riquelme y Motta, según me hacen saber-.
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Por J. Tejedor

La primera vez que oí hablar de Antonio Puerta fue cuando, siendo aún un chaval con ficha de filial que hacía sus primeros pinitos en el primer equipo del Sevilla luciendo el número 27, se convertía en héroe al marcar el gol k clasificaba a su equipo para disputar la final de la UEFA por primera vez en la historia: “El gol que cambió nuestras vidas”, lo llamaron.
Ya sea porque es zurdo (como yo), porque juega de lateral (o medio) izquierdo (como yo) o simplemente por ser la cuarta perla (después de Reyes, Ramos y Navas) de la cantera del Sevilla, despertó mi atención y le observaba de una forma especial en los partidos. Me di cuenta de que lo tenía todo para ser el mejor lateral izquierdo español que he visto jugar: podía dejar atrás a Del Hornos, Capdevilas, Romeros, Sergis Barjuans y un largo etcétera en el que no incluiré a Raúl Bravo o Aranzábal para no injuriar contra esta noble demarcación.
Incluso este pasado viernes, cuando se me ocurrió dejar caer que “ojo con Puerta, que este chaval no dura dos años más en el Sevilla”, uno de mis mejores amigos, que tiene un ojo muy clínico para este deporte, me respondió que “yo lo digo hace tiempo: no sé dónde van el Barça y el Madrid a fichar laterales, teniendo en nuestra liga a uno que llegará a ser de los mejores de Europa”. Al igual que nosotros, todos los medios i gran parte de aficionados al fútbol empezaban a reconocer en Puerta un excelente futbolista además de un profesional modélico. Varios grandes clubes europeos habían ya preguntado por él y parecía uno de los fijos en la lista de Luís para la Eurocopa del próximo verano. No obstante, 24h después de nuestra conversación, llegó el primer ataque cardíaco. Y el segundo. Y el tercero. Y así sucesivamente hasta los nueve que ha llegado a sufrir en estos tres días.
De nada servía que desde el club se quisiera transmitir la posibilidad de un milagro, puesto que los partes médicos eran cada vez más desfavorables. Cualquier persona que haya visto jugar a Puerta sabe que tiene un físico fuera de lo común, decir que era “un toro” se queda corto. Por eso ha resistido hasta nueve crisis: cualquiera de nosotros no hubiera pasado de la tercera, con un poco de suerte.
Me ha gustado el gran apoyo popular hacia su persona, pero no me ha gustado la liviandad con que algunos medios de comunicación han tratado la noticia, la banalización que se ha hecho del asunto. En muchos programas han aprovechado para hacer leña del árbol caído, hurgar en la herida y buscarle la parte morbosa al acontecimiento. Demasiadas veces he tenido que oír recalcado que Puerta tenía SÓLO 22 años y k su mujer estaba EMBARAZADA DE 7 MESES.
Ahora está de moda declararse sensible y que las cosas nos afecten, y soltar lagrimitas por cualquier cosa (no importa qué) nos hace quedar como héroes porque significa que somos muuuuy pasionales y tenemos los sentimientos muuuuy a flor de piel. Pero ese lado morboso y pseudos-sensiblón del asunto ha conseguido que mucha gente que hasta hace 2 días no sabían quién era Antonio Puerta y que ahora mismo aún no sabrían distinguir su rostro hayan llorado por él: ¡Cómo les ha afectado k un joven de 22 años a punto de ser padre fallezca de un ataque al corazón! ooooix tan jooooven, con una carrera taaan prometedooora (señora! si no sabe ni de qué jugaba!!), con la mujer en estaaadoooo…
Sinceramente, me parece una falta de respeto. Porque hay mucha gente que sí lo siente realmente, que ha quedado muy afectada por este suceso, y que esto se convierta en un fenómeno social, una vulgar moda, es una ofensa a su luto. A mí, sin ir más lejos, me ha dado la noticia una persona más o menos cercana a la plantilla del Sevilla. Sí, por suerte o por desgracia lo he sabido poco antes de que apareciera en internet y por la tele. La persona que me lo ha dicho estaba destrozada. Yo también estaba tocado, porque admiro el deporte i admiro a los deportistas como Puerta, y admiro a Puerta en concreto. Era un “ídolo de posición”, que se dice, y me ha tocado mucho lo que le ha pasado. Me he quedado tan helado que no he encontrado ni siquiera una palabra para levantar la moral a mi amiga. Pero he pensado k montar un drama y simular que estaba tan o más afectado que ella podía ser considerado una burla. Por eso le he mostrado mi pesar y mi pena con rigor, pero sin más.
“Ha muerto Francisco Umbral. No, no era futbolista… sólo escribía”. Gran Nick, Maese. Puerta era un hombre trabajador, discreto, al k le gustaba cumplir con su trabajo lo mejor que sabía y pasar desapercibido. Sin alardes, no quería ni fama ni gloria. Todo eso le sobraba. Era uno de los mejores jugadores del equipo de sus amores, al que siempre había soñado llevar a lo más alto y lo estaba consiguiendo con un papel de estandarte. Su afición así se lo reconocía, y eso ya le bastaba. Se sabía una pieza más de un engranaje perfecto que funcionaba con suiza precisión. No quería baños de masas, ni grandes contratos publicitarios, ni explotar su imagen… nada.
Por eso, que hoy le llore tanta gente que la semana que viene ya no recordará ni su nombre es una injuria hacia su recuerdo. Todo el circo mediático que se ha montado alrededor de su fallecimiento y del que se ha rodeado su funeral va contra el credo y los principios del que era un hombre humilde, sencillo y noble.
Era de los jugadores más amados en el vestuario por su vitalidad y su gran sentido del humor, y por ello era de los más mimados por la afición. Pero de cara al eco mediático que envuelve el mundo del fútbol y convierte a los jugadores en simple mercadería, Puerta era un gran desconocido. Y lo era porque él así lo deseaba. Tenía un sueño: triunfar en SU Sevilla. Y lo estaba cumpliendo. No tenía la necesidad y nunca quiso ser un fenómeno mediático, sino un hombre íntegro, y realmente lo era. Dejémosle k se vaya como tal, no banalicemos su desdicha.
Lo único que me consuela es que los verdaderos amantes del fútbol, abanderados por los Sevillistas, pero también el resto de auténticos devotos de este deporte, nunca olvidarán a Antonio Puerta, como tampoco han olvidado el último vuelo del “Falcón” Miklos Féher o los ojos en blanco de Foé…
Alvy Singer.
Triste. César González Ruano, poeta y maldito en el buen sentido e incomprendido en todos los malos, dijo acerca del periodismo: Esta profesión lleva en el tuétano la maldición del olvido. Francisco Umbral ha muerto en la maldición del olvido: él era, por encima de otros alteres ego, una crónica y una memoir a la contraportada. Dice Raul Minchinela que en nuestro holocausto cultural todo se convierte en un personaje y se deja de lado la obra de uno de los grandes maestros del lenguaje que nos deja, atrás. No puedo estar más de acuerdo: descubrí a Umbral a los catorce, alucinado por su prosa y por su fina ironía. Luego le redescubrí tendencias políticas, pero eso, ya es otra historia. Umbral se ponía la camisa roja en 1995 para votar Izquierda Unida y lo decia tan campante, no deben ustedes caer en el error de entremezclar esos tres estratos del buen escritor (tardomoderno o no): personaje, persona y obra.
Solitario. Así empezaba Osvaldo Soriano su obra maestra: Amanece con un cielo muy rojo, como de fuego, aunque el viento sea fresco y húmedo y el horizonte una bruma gris. Y así, un día extraño, un día inesperado, un día súbito reaperece la muerte. Y así nosotros convertimos a Antonio Puerta en el santo mártir: se crea un personaje tras la muerte. El que debe perdurar es el que en noctámbulas conversaciones iba a liderar una Seleçao ilusionante. Y Puerta, a diferencia de los interferentes Kurt Cobain o el mejor Elliott Smith, no consagró a la muerte el último paso de su obra. Y Puerta no debe convertirse en personaje porqué fue una admirable persona y debe quedar su obra, en este caso su fútbol. David Foster Wallace lo explica mejor que yo: “convertir a alguien en icono es convertirlo en una abstracción, y las abstracciones son incapaces de tener comunicación vital con la gente viva”.
Final. Y para decirle al sevillano Puerta, lo mismo que deseó Fresán a Pantoja, que si en el cielo no hay porterías, si habrá muchos tablaos. Y para terminar, vuelvo a González Ruano: La muerte puede consistir en ir perdiendo la costumbre de vivir.
Alvy Singer.
Pocos personajes son capaces de emular a mis personajes favoritos de toda saga/libro/serie/película/ente ficticio o documental como Roman Abravomich. Amigote de nuestro nuevo supervillano favorito, Vladimir Vladimirovich Putin, Roman se ha ganado siempre esa reputación de homólogo de Putin pero en el fútbol: un ruso de la vieja escuela (de la cultura pop, digo), amigote de Shevchenko (¿los imaginan en un jacuzzi junto a dos damas, rubias y morenas, educadas en el Moscow Playboy College, charlando de los viejos tiempso, brindando por los lejanos 80) y superpoderoso magnate del gas en general, multimillonario en particular.
El caso Chelsea
Por lo que amo a Roman es por su afán ruso capaz de equipararle a otros genios de su categoría: William Randolph Hearst y …, claro, Orson Welles. Y el Michael Jackson desatado de los 80-inicios de los 90. Su construcción de un gran artificio como forma de sueño resulta del todo maravillosa: convierte el Chelsea en el manierismo más representativo del siglo XXI. A modo de chef esquizofrénico contrato al MEJOR entrenador (José Mourinho, un George Clooney icónico reconvertido en supervillano bocazas, creo que el mejor creador de oneliners y polémicas desatadas de la historia: les guste o no un emblema de lo COOL que en el fútbol siempre causa extrañezas) y a los más aguerridos héroes (Joe Cole y mi favorito: Frank Lampard, un tipo de rostro de perdedor con principios, unidos al emblemático defensa de-toda-la-vida John Terry) y a los más incansables negroides (Essien y Drogba los más poderosos y rentables). Pero las cosas van mal para estos colectores de Premieres que siguen retando a la Champions como éxito: sus fracasos de lujo siempre tuvieron acento centroeuropeo (Ballack o el compañerrro Sheva) y este verano se han deshecho de Bouhlarouz y Robben para adquirir a Malouda y Tévez como principales.
El Ultimatúm a Mou.
El fracaso de los Mourinho’s Eleven en la Premiere y la Champions, la lesión del invencible Petr Cech (a modo de castigo divino) no hacen más que elevar mi simpatía hacia el Chelsea: un parque de atracciones, construido como el Jurassic Park, que se desmorona como las extravagancias, como si sus estrellas fueran de la noche a la mañána (no hay estrellas en el fútbol: hay kamikazes a largo o a corto plazo) clientes de Broadway Danny Rose. Este ultimátum, se ve, se palpita: este año no puede haber más fracaso y no por la afición sino por conseguir ese trofeo simbólico, ser el dueño de los sueños de la Vieja Europa: la Champions League. La lucha por el poder preclara y total de Afganistán, de la Guerra Fría, del armamento nuclear se ha tornado en simbólica: ahora son estos nuevos mercenarios quienes lucharan por tener el poder mediático de nuestros subconscientes. Pensar en Abravomich como el más hábil de los supermalos del Mensajero del Miedo original (pues en su remake la cosa se decantaba hacia una ultrasiniestra y deliciosamente incomprendida trama post11S de auténtico TERROR) queriendo tener su victoria, imaginarle asqueado en la caída del Muro de Berlín y tramando maldades fichajes en un barco, puro en mano junto a Pete(r Kenyon, el director deportivo con más madera de esbirro que han visto mis ojos) y Mourinho, claro. Todos planeando su nuevo golpe.
El mito de Roman.
Ni siquiera el encanto de ese lord mafioso que es Berlusconi asusta tanto como Roman, planeando el fichaje de Alves ayer o el de Ronaldinho mañana. No importa, da igual: este temible barón del Mal (o Genio Autónomo, como lo queiran llamar) ha decidido convertir su sueño e incrustarlo en medio de ese terreno mítico, intocable, lleno de memorias, recuerdos y cosas imborrables que es el fútbol para trastocar su cíclica ida y venida de mitos. Y muchos vinieron después: el citado Silvio Berlusconi ofreciendo los célebres 100 millones, el esperpéntico y tirste Ramon Calderon apuntandose al carro con los también famosetes 90, los mucho más a la altura dueños del Manchester United con sus espaldas cubiertas de petróleo tejano y un sombrero a la escucha de Hank Williams y Randy Newman, murmurando soccer is a good business. De momento se mantiene infranqueable y sigue luchando con su peculiar sueño, a la altura de los más locos años 60 que tiene Sebastian “Darjeeling” Compton-Lowe en Jardines de Kensington. Porqué Abravomich sabe que esta es su gran obra: un equipo hecho a cachos dorados, un Frankeinstein de los billetes. Y si la fórmula resulta, estaremos ante el mayor mago: el que enseñándonos su chistera (la de su cuenta corriente) fue capaz de hacer magia de algo que creiamos imposible. Entretanto que sigan los mitos, los rumores, las historias: mantienen vivo un fútbol lánguido y dormido a ratos , un placer estratega a otros, los mejores ratos. Y si se lleva a Ronaldinho será otro triunfo singular: El del fracaso probable de la estrella conocida como el mejor jugador del mundo en un entorno de guerra como son las islas y es que en la Premiere no hay sitio para brasileños. Pero si ello significa tener a Alves comandando un nuevo y rejuvenecido Barça, genial, todos a OK Corral porque el duelo ha empezado.
Alvy Singer
En su poliédrico y manierista album pseudounplugged, Bob Dylan cantaba Ella Nació en Primavera, pero yo Nació Muy Tarde / Culpa a un simple giro del destino. Puede que esta canción (que funciona como un camaleón a todos los estados de ánimo) sea la mejor definición del aficionado del fútbol: su amor inquebrentable y probado racionalmente siempre esta sujeto a ese simple giro del destino.
VUELTAS.
Real Madrid: The Movie The Mierda parecían aullar todas las quinielas sobre el campeón de liga. Real Madrid 2 pintaba peor que Shrek 3: un vencedor tratado como el peor de los herejes (Fabio Cappello o el name dropping elevado al MAL) que regresó ayer venciendo al mejor Atlético. El nuevo Madrid de Schuster no tiene carisma: sus fichajes son a la Barça y su estilo de juego de un entrenador socio del club azulgrana también.
REVUELTAS.
Y de las extrañas victorias a las perplejas revoluciones de ego: el Barça empataba hoy para disgusto de la afición. John Carlin escribía que los periodistas ingleses consideraban a Arjen Robben una versión pobrísima de “Messi” ; en su dia se dijo que Sergio Ramos era el Nuevo Puyol; se quiso vender desde los diarios deportivos de(l) Madrid que Robinho era el New Ronaldinho (y esponsorizado y todo, oigan); y a todo esto el más que un club demostró ser una cosa menos que un equipo. Con Deco al mando de la prepotencia (podemos romper un partido en un momento, dice el Decodificator -ahora más amigo del barullo y los banquillos que de las genialidades -) el gesto de la afición es el de la perplejidad: si el rival es un Madrid encogido, si al Sevilla se le aquejan las malas suertes como casualidades cósmicas (sumenle al extraño caso de Puerta los problemas psicológicos de Navas ; la pataleta de Alves – y los primeros, maravillosos reproches del héroe “me he partido la cara por este equipo” -, la no tan lejana pataleta de Kanouté – sazonada con una subidita de sueldo ¡viva la metáfora sin doble moral!- ) y el Valencia fue derbi-derribado por el yellow submarine (comandado por las expulsión más delirantes de la historia de la liga, un partido comparable a una novela de Jane Austen ) dejan a los de Frank Rijkaard ante unos resultados terribles.
DESTINO
Y me dicen que el año que ganó el Barça ganó la Champions empezó empatando en el Alavés. Y dicen en Madrid que hace diez años, después del primer Cappellato fue otro alemán quien elevó el doblete al Real. Y, en fin, el fútbol es un descosido de anécdotas y memorias, de triunfos prematuramente añejos y un montón de disgustos proporcionados a la afición, que a este paso debería pasar a llamarse Mártir en el mejor de los casos. El destino en el fútbol es una cosa, en el mejor de los casos, fruto de la confusión. El deporte rey está hecho de sucesos paranormales, inexplicables, aislados y finales: uno no puede evitar pensar en que nuestros nuevos gladiadores no tienen unos leones demasiados afilados, esta prensa deportiva, lindo eufemismo de promoción mercantilista, jamás nos dará el más grande placer que anhelamos: la victoria. O en el mejor de los casos, la razón que bajo el campo nunca existió. Yo entretanto me voy a atender al mercado de fichajes, sin duda lo que más disfruto del fútbol, a esperar la gran operación en las últimas 48 horas.


